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Carlos Godoy: “Desde mi generación el tema Malvinas se vive desde la ignorancia”

Por Mariana Kozodij | Fuente: Diario Registrado

Carlos Godoy, nacido en democracia, nos trae “La Construcción” la primera entrega de una saga en la que las imágenes se suceden las unas a las otras en un clima de tensión geopolítica y una cuota leve de terror ante lo desconocido.

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Islas como manchas, enfrentadas y unidas por una fantasía/realidad geológica. Extranjeros y locales, los kelps deformes, seres subterráneos, un chino shaolín, un libro, una constucción, la presentación de un tejido social en terrenos particulares y esa sensación de que sopla un viento gélido a lo largo de toda la novela. Un texto en el  que no se especifica que se trata de Malvinas pero que, desde un comienzo,  sabemos que ese puede ser su verdadero nombre.

 “La Construcción. Metales radioactivos en las islas del Atlántico Sur” (editado por Momofuku) es una rareza. Hay algo en el lenguaje de Godoy que hace que esta primera novela, de una trilogía, atrape. No solo por la historia que va creciendo y oscureciéndose sino también por el modo de escribir de este autor cordobés.

 Godoy nos ofrece un lenguaje ordenado, sin vueltas, preciso. Incluso podría decirse que se trata de una escritura meditada; no hay rabia en la prosa, sino una calma que genera tensión que crece hasta volverse un tanto incómoda y por eso genera fiebre de lectura.  Se lee el misterio que atraviesa las páginas desde el comienzo hasta que la presentación de la historia se transforma en una misión.

Dialogamos con Carlos Godoy que nos cuenta sobre el proceso de creación de “La Construcción” y reflexiona sobre un tema tan reciente de nuestra historia nacional como la cuestión Malvinas.

-¿Cómo surgió el nombre de la novela?  ¿Y por qué elegiste ponerle una bajada tan específica? ¿Tiene que ver con que es parte de una saga?

Carlos Godoy (CG)- La idea de “La construcción” viene por muchos lados. La literatura esotérica que suele plantear analogías referidas a asumir proyectos, una idea medio irónica con respecto al destino del lugar donde suceden los hechos y por una especie de espistemología del levantamiento de una pared con todo lo que ello implica. Todos elementos que confluyen y se desarrollan en la novela. Y también por ser el inicio de una trilogía. Con respecto a la bajada yo no la había pensado, más bien fue una desición editorial de la colección. Los editores (Lola Copacabana y Hernán Vanoli) hicieron una propuesta de bajada y la fuimos armando.

-Me señalaste,  con anterioridad a esta entrevista,  que Malvinas es un tema que no suele narrarse con la misma intensidad con que se escribieron libros que involucran, por ejemplo, tramas en la última dictadura ¿Por qué crees que no se da esa ficcionalización?

CG- Me parece que Malvinas es “tema” de una generación que de algún modo vivió el conflicto desde el momento histórico que fue la última dictadura. Yo nací en el 83′ y desde mi generación el tema “Malvinas” se vive desde la ignorancia: no sabemos nada de Malvinas. Recién hace unos 3, 4 años el estado inició una política exterior con cierta presencia en el conflicto y hace unos meses se inauguró el museo de Malvinas e islas del Atlántico sur en la ex Esma, pero de todos modos seguimos sin saber nada.  La novela más allá de preguntarse por qué no sabemos nada de Malvinas también, en un punto, se pregunta por qué no escribimos nada sobre Malvinas.

-El libro está dedicado al “marinero Fogwill” ¿Cuánta incidencia tuvo en vos a la hora de terminar y narrar “La Construcción”?

CG- Con Malvinas me pasa algo similar que con el peronismo. Siento cierta atracción por la idea de nación,  patria y estado que se configura en torno a esos dos conflictos de la historia reciente.  Por eso es que veo y leo cosas sobre Malvinas desde chico, mucho antes de conocer a Fogwill y a los “Pichiciegos”. Pero un poco por esas casualidades de la vida allá por el 2009 yo iba al departamento en el que vivía Fogwill en la calle Soler y le llevaba algunos textos que después decantaron en la primera parte de “La Construcción”. Por ese entonces también iba a su departamento Catón con la novela que publicó después en Mansalva y también Martín Rodríguez. No era un taller literario, de hecho Fogwill me repetía todo el tiempo que él no vendía taller, pero éramos algunos que le rondábamos tratando de aprovecharlo lo que su cuerpo nos dejara. Incluso creo que la obra más importante de Fogwill no son sus novelas, ni su cuentos, ni mucho menos sus poemas ni incluso tampoco su brillante obra periodística, la gran obra de Fogwill fue la pauta de un campo literario que proponía una forma sobre todo de leer.

-El lenguaje del libro es límpido e incluso por momentos casi cinematográfico; además remarcás frases, personas y escenas con distinta tipografía ¿desde un primer momento pensaste trabajar así la novela? ¿O fue una manera de organizarse?

CG- La novela siempre fue un proyecto experimental en el sentido de que al tratar temas tan presentes en la historia argentina debía presentarlos de un modo alegórico y fragmentario. Partir de esa estrategia discursiva hace que a la hora de editar el texto una vez terminado el foco se ponga sobre  el desarrollo de estrategias que lo hagan más legible y menos experimental. Por eso podés ver tendencias a la organización y a la linealidad dentro de lo que podríamos decir el libro en su versión final.

-La ciencia y la fantasía parecieran entrar todo el tiempo en conflicto incluso los personajes de los geólogos comienzan siendo una especie de oráculo para luego ir adquiriendo características más humanas a través de sus historias ¿Cómo los trabajaste?

CG-Lo que voy a decir es un cliché pero los personajes se fueron armando solos. Lo que tenía decidido era que fueran una especie de iniciados o, cómo decís, oráculo que decide sobre la realidad y que tuvieran algunas características extrañas como enfermedades o cicatrices, pero su naturaleza y carácter se fue armando a medida que la novela avanzaba.

-Cuando comienza la segunda parte del libro hay un gran cambio en tu escritura e incluso en la forma de presentar la trama casi como una bitácora ¿por qué el cambio?

CG- Eso viene de algunas ideas que tengo con respecto a las “nuevas formas de leer” desde que las redes sociales se incertaron en nuestras vidas. Me parece que sostener una novela con el mismo rítmo se puede convertir en un plomazo entonces decidí estructurarla en tres partes con tres tonos diferentes.

- Es una historia que continúa y sabemos que hay detalles que no se pueden dar pero algo que quieras contarnos sobre ¿Qué es “La Construcción”?

CG- El proyecto de escribir una trilogía que sea en Malvinas está íntimamente relacionada con, como dije antes, la idea de estado y nación. La primera parte es como una civilización pre estatal, la segunda trata de pensar las manifestaciones del estado en torno al conflicto y crisis. Cómo es que un estado actúa en una situación límite. Y la última sobre la reproducción celular del estado, cómo un estado genera otro estado.

-¿Creés que podamos aplicar la fórmula “islas chicas, infierno grande” para pensar en esta novela?

CG- Al tratarse de un relato, que recrea el ambiente de un espacio reducido con pocos habitantes, la frase aplica. También aplica, como me dijo un amigo, el verso “tras un manto de neblina”.