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Entrevista a Sebastián Robles

Por Mariano Vespa y Diego Sánchez | Fuente: Ni a palos

En Las ciudades invisibles, Italo Calvino imagina un Marco Polo que, al regreso de sus viajes, le cuenta al emperador Kublai Kan las historias de ciudades fabulosas, mágicas, ficticiasEsas narraciones, para Calvino, no actúan como reflexiones de distintas ciudades sino que también proponen definiciones acerca de la idea de ciudad en si. En su segundo libro, Las redes invisibles (Momofuku),Sebastián Robles escribe el atlas de una serie de redes sociales -deberíamos decir, aún no desarrolladas- pensadas para moribundos, para escritores realistas, para animales o incluso para aquellos que quieran encontrar el “amor perfecto”, y que, como en Calvino, actúan como reflexiones de nuestras redes o de la idea misma de red social. Con ecos de Borges y Lovecraft, Robles se sumerge en las distintas capas del océano de la web para capturar ese lenguaje hecho de imaginación, paranoia y angustia propios de esta era donde realidad y ficción se confunden.

En Las ciudades invisibles los viajes de Marco Polo se convierten en un motor para la ficción. En Las redes invisibles, por su parte, se dice que Tim Berners-Lee, el hombre que creó la web, “nos enseñó que para viajar al cosmos no era necesario construir una nave, sino inventar un lenguaje.” ¿Es posible pensar a la web como ese territorio en el que viajamos y traemos el lenguaje que nos permite contar historias del presente?

No diría que es un territorio al que viajamos, diría mas bien que es un territorio en el que ya estamos, que nos atraviesa, que es invisible. Justamente es invisible porque no se percibe dónde está operando hoy. Cuando escribí eso en el libro tenía en mente una operación que es más de la ciencia ficción, que hizo Ballard en la década del ’60 cuando salió a decir “no miren en el espacio exterior, ahí no hay nada, donde hay que mirar es el espacio interior”. Me parece que la web es una vuelta más sobre esa idea. Miremos ahí a ver qué hay y nos vamos a encontrar con un territorio que parece nuevo pero no lo es. En Las ciudades invisibles Calvino ni siquiera cuenta historias, son más bien descripciones, es el último canto de amor a las ciudades, ya en el ocaso. Creo que yo no estoy parado en el mismo lugar, la web es mucho más nueva para mí que lo que eran las ciudades para Calvino. El paralelismo se agota un poco ahí. Pero sí puedo decir que me gustaba un poco esa idea del viajero que explora territorios. Marco Polo le cuenta a Kublai Kan cómo son sus dominios. Ese fue el espíritu que tenia al escribir: la web no es un territorio nuevo pero en parte lo es.

¿Creés que pensar una novela digital no pasa por hacer un racconto de los avances técnicos?

Mariano Canal me decía que todos los elogios muy banales de la tecnología lo que hacen es positivismo, algo que está superado hace cien años más o menos. Internet es la mente y es una gran mente donde estamos todos conectados. Viajar por la web es viajar por la mente de todos nosotros. Cuando entré en la deep web, me generó una sensación de mucha sordidez, el ser humano es esto también. Lo mismo pasa en otro nivel cuando entrás a Facebook, o a Twitter, te esta hablando de un estado de la mente que no es sólo la tecnología. Volviendo a la ciencia ficción, H.G. Wells cuando publicaLa máquina del tiempo la construye en analogía con el auto. La novela es de 1895 cuando salen los primeros autos, y lo que inventa es un auto que en vez de viajar por el espacio lo hace por el tiempo. Por otro lado está Verne, que era más positivista, que escribía con los libros de ciencia en la mano y quedo viejo. En De la Tierra a la Lunaimagina un cohete que llega a la Luna impulsado por la balística, que es una ciencia que después no se usó. Lo ves ahora y son largas discusiones sobre balística que no le importan a nadie. Hacer periodismo tecnológico o escribir una novela sobre eso sería algo similar. El tema es la capacidad de asociar esto que estamos viendo hoy y tomarlo como símbolo de otras cosas. Ahí podés viajar más lejos.

En ese sentido, tus redes sociales pueden prescindir del soporte

Lo digital me importa muy poco. Es la herramienta, si se quiere. Faltaba muy poco para terminar el libro y me encuentro con la biografía de González Tuñón escrita por Orgambide donde hay una cita de Natalio Botana que decía que hay gente que es literaria y gente que no. Y se me ocurrió hacer una red de gente literaria, ambientada en el pasado. Lo que quería hablar es del presente, cómo se mueve la literatura hoy que es a través de las redes sociales, y cómo en el presente se puede releer ese pasado. Estamos hablando de libros que salen en papel, porque el formato todavía es ese y el ebook aún no prospera. Lo que tiene el papel es que vos podés subir la tapa a Facebook, como podés subir la foto del gatito, de tu hijo o de tus vacaciones. La proliferación de las editoriales independientes -que me parece saludable- genera que mucha gente publique libros. Y hoy parecería que un libro es un objeto aspiracional. Llegué, publiqué un libro, lo muestro, tengo millones de Me gusta y mi familia ve que llegué. Pero, ¿a dónde llegaste? A ningún lado. El chiste de “Crítica” [último relato deLas redes invisibles] es ese. La literatura es un vacío, no tiene un arriba o un abajo, no hay premio literario que legitime lo suficiente. Es una institución que se caracteriza por ser completamente anárquica. En Facebook parecería que está institucionalizado que el carnet de ingreso es el libro. Quería poner la cuestión en perspectiva, darle una génesis histórica ¿Que busca toda esa gente, o qué busco yo cuando subo esa portada? Incluso me pregunto qué es la literatura hoy, si es publicar un libro o pertenecer a un imaginario grupo de amigos que te elogian o te destruyen. De algún modo en “Crítica” la cultura digital está solapada.

Aníbal Ford contrapone en uno de sus textos la velocidad del desarrollo tecnológico que propone Virilio a propósito del miedo con la reflexión de Calvino. ¿Creés que hay posibilidad de reflexión en la web?

Es muy difícil la reflexión desde adentro porque tenés que someterte a determinadas reglas. Si yo salgo en Facebook a putear a Facebook como surgió hace poco con esta normativa, no es solo banal, es estúpido. Desde el momento que entraste perdiste toda privacidad, te estás sometiendo a las reglas de una empresa privada, reglas que no manejás bien porque nunca sabés qué pasa del otro lado, no sabés adónde van a parar tus datos personales. Si es posible una reflexión tiene que ser a través del humor, del fake o de cierto procedimiento donde burles hasta cierto punto determinadas normativas. Facebook parte de la base de que sos una persona. Bueno, inventa una. No sé hasta donde es una reflexión, pero es un principio. Desde afuera te queda Fresan hablando de que todavía no leyó la gran novela de Twitter. Si hay que hacer una reflexión, se me ocurre que tiene que ser desde adentro. Hay algunos que lo manejan muy bien, que juegan con los límites como @Liebermanss o @linearotativa que son gente que trabaja en los márgenes, que agarra una convención y la da vuelta.

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En Facebook, en especial, suele percibirse un “pecado original”. Usuarios que despotrican contra la red o se vanaglorian de no haber “caído en sus trampas”, y que es algo que no pasa en ningún otro sitio, quizás porque Facebook es una suerte de “primera frontera” a la que llegan
 individuos obligados al salto tecnológico pero nostálgicos de un mundo analógico. Y eso también se percibe en cierta literatura cuando aborda la tecnología, como negándola o reduciéndola a un malestar. ¿Creés que muchas veces las redes sociales son percibidas desde esa “resistencia”, desde ese trauma?

Pasa más en Facebook porque es la más masiva. Me corro del comentario sobre lo digital. Lo digital es el medio. Para hablar de la Revolución Industrial, por ejemplo, podés contar cómo son las nuevas máquinas o podés contar qué pasa con la gente que está alrededor. Me parece más efectivo eso que hablar de algo que no tiene vida. En general las novelas que suelen presentarse como libros que incorporan las nuevas tecnologías se limitan a hablar de gente que chatea en Facebook como denotando que son alienados y su vida es absurda. Toda vida es absurda, eso lo sabemos. Estamos todos inmersos en un mundo lleno de sentidos diferentes. Esa necesidad de generar sentido se percibe muy bien, y vos lo podés leer tanto en aquel viejo blog de los apoyadores del subte como en los comentarios de La Nación.

A su vez en la web realidad y ficción se confunden. Las teorías conspirativas, los rumores, los hoaxes, personajes como el Slenderman que nacen de la ficción y se terminan transformando en leyendas urbanas. Eso también está presente en el libro.

En “Animalia” los animales leen en sentido literal que es algo que suele pasar, que nos pasa a todos. Cuando escribí el blog en el que se basó Los años felices [su primera novela], la gente me comentaba que lo leía y lo seguía y me hablaba con absoluta ingenuidad como si hablara de algo que me había pasado. Me leían literalmente, algunos incluso me contaban por mail que se sentían identificados. Internet es la nada misma. Todo lo que tirás en la web de alguna forma es real. Dross, un youtuber venezolano que hace historias de deep web, contaba que en 4chan -donde surgió Anonymous- un tipo subió una receta de cómo hacer cristales. Resulta que era muy fácil: había que comprar amoniaco y otros productos de limpieza, lo mezclabas y soplabas con una pajita y salían los cristales hermosos que veías en la foto. Pero el tipo lo que había subido en realidad era una receta para un gas venenoso. Mucha gente lo hizo, y quedaron deformados, alguno se murió. Inmediatamente cuando surgió la noticia, bajaron el post de 4chan pero ya se había replicado en otros lados, entonces es un crimen totalmente silencioso que va a seguir existiendo. Es imposible de erradicar. Ponele que lo sacas de los buscadores, va a seguir existiendo. Ahí vemos cómo la web amplía la realidad, o en tal caso la constituye.

Hay personas que toman a internet como una zona de libertad, de igualdad. En el libro están presentes disputas e intereses. ¿Ves a internet como un campo de batalla de poder?

Es un campo de batalla de poder y de tensiones. Sin perder de vista que estamos trabajando en ámbitos que tienen dueños, que no sé si son pocos pero están individualizados. Ya entramos perdiendo. Se los puede combatir con inteligencia, creatividad. 4chan es un lugar de mucha libertad, Anonymous también. Hay huecos donde pueden surgir otras cosas, pero como siempre son minoritarios. Volviendo a la analogía de las ciudades, la manija siempre la tienen pocos en comparación a la cantidad de gente que somos. No creo en la utopía de que internet nos hace iguales. Es una sanata que muchas veces está repetida con ingenuidad y otras tantas no. Es como el verso del fin de la historia, en los noventa se usaba mucho, se replica con ingenuidad pero no tiene nada de eso.

Hablamos antes de fakes. Vos trabajás como ghostwriter, ¿cómo opera eso en tu escritura?

Yo me siento un infiltrado, en todos lados. En la escritura, en Revista Paco, en Momofuku, también a la hora de trabajar como ghostwriter. Es un trabajo que hago con un socio, Facundo Garcia Valverde, y que a mí me da mucho placer porque me permite despegarme en el rol del tipo que llegó ahí -no se sabe cómo- y que hace su trabajo y que lo cumple. Me da placer publicar en nombre de otro. Es un juego mental. Me gusta ser infiltrado en todos lados, porque me resulta fértil en términos creativos, pero de alguna forma siento que todos somos infiltrados, no hay otra manera de escribir que no sea así, como decíamos antes, porque no hay un lugar al que acceder. Me siento cómodo escribiendo como ghostwriter, está el fake muy presente. Uno de los primeros artículos que escribí para Paco es sobre un creador de fakes. De alguna forma yo soy un poco eso. Es lo que pasa en “Crítica” con el milico infiltrado, ese soy yo y somos todos. Son figuras que además existen desde que existe la literatura. El Quijote es un fake. Está en todos lados. En todo caso el arte consiste en ver cómo eso puede funcionar hoy.

Hay una frase disruptiva en uno de los relatos: “La vida sigue siendo un factor analógico y no existe algoritmo de programación capaz de ejercer por sí mismo un efecto sobre ella” ¿Que quedaría fuera del algoritmo hoy?

Hay dos actitudes que vos podés adoptar ahí en relación a lo digital: fundirte con lo digital y pensar que todo se vuelve transparente en la web, y otra decir no, el sujeto, nosotros, estamos en la web, vivimos en la web, es lo que nos rodea y hay algo que es irreductible, que tiene que ser irreductible porque si no nos reemplaza un bot. Esto lo trata Nicolás Mavrakis en su libro [El recurso humano]. ¿Cuál es el lugar de la libertad ahí? Yo creo que hay cuestiones muy primitivas, que tal vez son transferibles pero no podés llegar a comunicar del todo en las redes sociales, ciertos sentimientos como amor, miedo, odio, cosas primitivas en las que todavía te das cuenta de que sos una persona y no un fake o algo que está suelto en ese mar de datos. Ahí es donde resistís. Vos te podés apropiar de algo si estás afuera, si no preservás la distancia no podés apropiarte en forma creativa. Me interesa remarcar que el libro no es en contra de las redes sociales, es un libro sobre cómo nos paramos, cómo funciona nuestra imaginación en las redes sociales, cómo operamos nosotros a través de esa imaginación que es la realidad.

¿A qué le decís Ni a Palos?

Creo que le diría ni a palos a la santificación de la web, ya sea a esa postura ingenua de que nos va a hacer libres como a la postura contraria, al oscurantismo total. No es ni una cosa ni la otra.