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“La construcción”, de Carlos Godoy

Por Walter Lezcano | Fuente: Los Inrockuptibles

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El escritor cordobés Carlos Godoy publica su primera novela y comienza con ella una saga que transcurre en las Malvinas, en un clima enrarecido y fantástico.

Malvinas como un pedazo grande de tierra partida al medio. Malvinas como un territorio desértico, crudo y fantástico. Y, finalmente, Malvinas como misterio. Eso es y de eso trata La construcción (título inaugural de la nueva editorial Momofuku), la primera novela del poeta y narrador Carlos Godoy (Córdoba, 1983).

En un movimiento audaz, este texto, primero de una saga de tres, se ubica en un lugar inhóspito e incómodo para narrar. Es decir, la herida que significa hablar de la soberanía de Malvinas, la guerra, los pibes, y un largo etcétera, se sutura a fuerza de imaginación y discurso científico. Porque es a partir de unos geólogos, su léxico y sus descubrimientos que se producen las revelaciones especulativas del origen de estas manchas de Rorschach, que son, en definitiva, las islas.

Evidentemente, Godoy entiende que para comenzar a dialogar en esta época sobre una cuestión tan espinosa y compleja no se puede entrar por los lugares comunes de la literatura argentina. Por eso el salto temporal, relatar el nacimiento de la vida en esa tierra, y el enrarecimiento del espacio hasta volverlo casi irreconocible. Y a esa búsqueda se debe la aparición de un personaje extranjero y milenario en su sabiduría: el chino Chen Chin Wen, que le da a la novela ese componente de tensión y metafísica necesarios para hacer volar por los aires las expectativas de realismo llano y cinematográfico que se puede esperar en una nueva obra sobre Malvinas.

La construcción, entonces, se lee como un mapa, una guía o una suerte de brújula imperfecta que lleva hacia terrenos inesperados y terriblemente hostiles para el disfrute en términos occidentales: no hay confort, no hay fácil accesibilidad y no hay esperanzas de buen final. En ese sentido, linkea con otros textos de phatosfantástico de edición reciente: Manigua y Cuadernos de Pripyat de Carlos Ríos,Plop de Rafael Pinedo y el cuento “Algunas notas sobre el país de los gigantes” de Luciano Lamberti. Y esta filiación se debe a que La construcción también es un viaje donde el delirio contundente y concentrado hace su trabajo de manera eficiente.

En la página 109 un personaje dice: “La fiebre de la mancha no tiene cura”. Y ahí, en esa frase, hay una clave para tratar de entender la novela y la apuesta política de Godoy, un escritor que ya venía asumiendo esa clase de riesgos, el de tratar de entender con un lenguaje literario a la Historia reciente, con, por ejemplo, laEscolástica peronista ilustrada. Borges decía en “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” que la metafísica era una rama de la literatura fantástica. Se puede decir, después de leer La construcción, lo mismo de la política.