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Las manchas del Atlántico Sur

Por Nicolás Mavrakis | Fuente: Ni a Palos

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Como escritor, crítico e incluso como interlocutor, Carlos Godoy (Córdoba, 1983) tiene la capacidad de casi nunca permitirse frases, lecturas u opiniones pueriles. Eso presupone que, por un lado, Godoy suele pensar muy bien antes de escribir, leer o decir algo y, por otro, que Godoy no cree que del otro lado, leyendo o escuchando, haya alguien dispuesto a conformarse con puerilidades. Entre tantas sensibilidades y literaturas facebookeras, no es poco.

La construcción (Momofuku, 2014) es otra batalla de Godoy contra lo pueril. Desde ahí, de hecho, se puede leer la relación genealógica con los cuentos de Can Solar (2012) y los poemas de Escolástica Peronista Ilustrada (2007). Ubicada en las Islas Malvinas -aunque se las nombre una y otra vez como “las manchas”, en referencia a las reminiscencias de la imagen más famosa del Test de Rorschach-, construida como un documento tríptico y antropológico sobre la sociedad y el estado que intentan habitarlas -entre la segregación geográfica que impone el archipiélago y los rigores de la naturaleza y su sistema de clases-, la novela repta sobre cada frase y cada palabra hasta transformar sus escenas y personajes en el sustrato mítico de una cultura. En ese sentido, las palabras de Horacio González sobre Escolástica… suenan alrededor de La construcción: “Si la realidad no es dadivosa, ahí está el plano mito-poético para conciliarlo todo con la construcción de un absurdo lírico que alegra el espíritu con el recuerdo infantil de una armonía”.

La diferencia es que entre los geólogos que habitan estas islas y tratan de darles sentido no hay “recuerdos infantiles” ni “alegría del espíritu”. Sí hay un eco de beligerancia, más bien plomizo, nunca formalizado en una guerra, pero omnipresente. “Se puede decir que en esa destrucción encontramos cosas que nos estimulan. La pregunta es si la destrucción es algo en sí mismo estimulante o si lo estimulante no es ser esa cosa destruida”, anota en su diario el explorador de estas islas donde el chino Chen Chin Wen enseña a sus alumnos el desapego y un aristócrata colecciona monos que se mueren de frío. A pesar del esfuerzo por completar la taxonomía de todo lo existente, sin embargo, “las personas que vienen de afuera por negocios, visitas, investigaciones, vuelven a sus tierras sin saber qué son las manchas; pensando que son algo que está depositado en sus mentes, algo parecido a la memoria”.

Con su mezcla de documento histórico y bitácora, La construcción es también una convocatoria a imaginar los modos en que lo espacial y lo humano tienen posibilidades de arraigarse mutuamente. Después de su propia historia y de las que imaginaron Fogwill o Carlos Gamerro, ¿son hoy las Malvinas algo más que una derrota militar y un reclamo poscolonial? En tal caso, y teniendo en mente que “las manchas no son memoria, las manchas son silencio, un oscuro río que no permite ver el fondo”, la pregunta nada pueril es: ¿qué son, qué pueden ser (y para quiénes) las islas del Atlántico Sur?