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Lo que hay detrás de las cosas

Por Luciano Sáliche | Fuente: Revista Alrededores

Decir que la naturaleza tiene el poder de determinar el rumbo de las cosas no es nada nuevo, lo nuevo es la forma en que esta premisa toma consistencia en La construcción, última libro de Carlos Godoy en formato novela. Unas islas como manchas espejadas en el sur del planeta parecen ser un rompecabezas donde cada pieza tiene la potencia de ser la última, la definitiva.

LaCONST

La construcción. Metales radioactivos en las islas del Atlántico Sur

Carlos Godoy

Momofuku, 2014

146 páginas

 

I

 

En un rincón del mapamundi hay dos islas que permanecen juntas como las dos manchas de un test de Rorschach, esas imágenes que el psicólogo le muestra al paciente para evaluar si su personalidad no es demasiado peligrosa para el nuevo trabajo. Según algunas versiones que circulan entre los más viejos lugareños, antes estaban unidas pero a partir de un día se separaron. Todos los eventos que se producen en las manchas –ese es el nombre que adoptan las islas- son entendidos como un gesto de la naturaleza, como una casualidad esotérica, como un producto insignificante del devenir histórico que no se cuestiona, se da por sentado que debe ser así. Una fuerza que parece desarrollarse en el interior de la tierra mantiene a todos sus habitantes como seres asumidos a su destino. “Nada que sea de las manchas se va de las manchas”.

 

Hay dos elementos metaliterarios que sirven para organizar un poco su lectura. Primero: cuando Alrededores entrevistó a Godoy en 2013 dijo que estaba trabajando en una trilogía sobre Malvinas. Y segundo: en la contratapa del libro dice: “esta novela de aventuras, primera de una saga” y “lejos del tono lisérgico con el que fueron narradas las Malvinas, la visión de los nacidos en democracia arroja nuevas preguntas”. Entonces, la construcción relata una ficción dentro de las Malvinas, aunque en ningún momento de la obra se usa esa denominación pero que está latente a partir de una serie de indicadores. Y además, pronto vendrá una segunda parte.

 

La construcción de los personajes se da como suceso anecdótico porque la gran variedad de sujetos que viven en las manchas forman parte del entramado del libro, como un rompecabezas que tiene todas las piezas del mismo tamaño: el viejo que predice el tiempo y vive solo en la colina con treinta ovejas; la historia de cada uno de los geólogos que están ahí para cumplir una misión histórica, hacer que crezcan árboles; los kelps, una comunidad recluida, que engendran hijos deformes; el maestro oriental Chen Chin Wen que le enseña a los niños técnicas shaolin con metáforas de dragones y estanques; los pescadores timadores que dejaron a una de las manchas sin los fuegos de Navidad; el hombre más rico que tiene un castillo al que muy pocos entran y donde alberga monos que jamás pudieron aparearse.

 

II

 

La novela está separada en tres segmentos bien marcados. El primero, Una trenzadora de alambre, es una serie de textos cortos pero numerosos que ofician de viaje iniciático por las manchas. Cada uno funciona como una pincelada de diferente color que va pintando, trazo a trazo, el panorama de las islas. Compone con una mirada antropológica los diversos clanes, las familias, los grupos de pertenencia, las fechas, la historia, la geografía, los mitos, la cultura. Se podría decir que la estructura de esta primera parte es una suerte de guía turístico para que el lector, transformado en un turista fascinado, recorra los recovecos de las islas, abra grandes los ojos y saque las fotos que irá almacenando en su memoria para continuar con el recorrido.

 

En el segundo segmento, La isla de los pingüinos, un miembro de una de las manchas decide ir, por encargo de los geólogos, a la otra mancha. Es aquí cuando ni siquiera el test de Rorschach puede producir dos formas iguales: la isla visitada por el muchacho expedicionario es extraña, como un mundo que lo rechaza, como si la naturaleza supiera que hay un intruso y que debe ser expulsado de la mancha. El relato es una crónica diaria minuciosamente dividida en datos importantes a recoger. Funciona como los videos de esas noticias que circulan en la web donde un sujeto se toma una foto todos los días de su vida para mostrar cómo envejece, sólo que la duración de la expedición es de diez días y su desarrollo posee un suspenso inquietante.

 

El tercero, Cuerpos blancos desnudos sobre la baja tierra húmeda, se produce a partir de un hallazgo del expedicionario, un libro de tapa dura y letras doradas que parece contener un plan maestro para modificar la vida de las manchas tal y como se las conoce. A partir de ahí se produce un traspaso desde la pasividad con que los lugareños observan pasar inútiles sus días a laactividad con que los geólogos deciden afrontar su existencia en las manchas. La realización del plan, escrito en el libro encontrado, que pareciera ser elaborado por las mismas manchas, comienza a desarrollarse de una manera ascendente, abriendo reflexiones, despejando detalles, focalizando en ese objetivo último que desencadenará en un final detonador.

 

III

 

Cuando los geólogos estudian intensamente el libro que encontró el expedicionario se presentan divergencias. Hay una frase que resuena más de lo normal. El libro dice: “pensemos en la piedra que es bordeada por el río”. Las interpretaciones son varias y ese, quizás, sea el manto que prima en toda la novela de Godoy. La semiótica dice que nunca se puede representar a un objeto en su totalidad porque siempre nos concentramos en algunas de sus características y no en todas; es imposible abarcar la totalidad de un objeto. En La construcción, los geólogos, a pesar de sus diferentes hipótesis, sugieren que en el fondo de ese objeto –en este caso la frase, el libro- hay una verdad. Una única verdad que permanece oculta y aun así intentan develarla. Esa idea es la que se trasluce en el fondo de la novela, la idea de que detrás de las cosas hay una verdad. La pasividad de los lugareños, como todo creyente, sugiere que esa verdad es inalcanzable, y es por eso que La construcción está inundada por el misticismo de las manchas, hasta que aparecen los geólogos tomando cartas en el asunto y yendo a fondo con la realización del plan.

 

Godoy tiene un pasado y se ve reflejado en esta novela. El pulso narrativo de la nouvelle Sugar bueberry, sugar bueberry (2011) y del poemario Prendas (2005) dan cuenta de esta estructura afianzada en un orden compacto entre ladrillos de tamaños similares que van gestando, piso a piso, una torre consistente. El misticismo como temática también aparece en Can solar (2012) que trascurre en paisajes provincianos donde sus personajes tienen un similar trato con lo sobrenatural y la misma forma de dejarse llevar por la intrascendencia de la vida.

 

La construcción es una novela que viene a proponer un dosis fuerte de delirio a las narraciones consuetudinarias actuales, una novela que tiene la capacidad de hablar de las Islas Malvinas sin mencionarlas extrayendo de la cabeza del lector toda la insulsa imaginación que de ellas pueda tener para resignificarla en un mundo frío y oscuro donde la naturaleza no es aliada sino todo lo contrario: una pecera que se achica lentamente sin dar una mínima respuesta. Es por esto que hay en el ambiente un tufillo a destrucción, juego de opuestos que el autor realiza con el título de su novela, paradójicamente: “la pregunta es si la destrucción es algo en sí mismo estimulante o si lo estimulante es no ser esa cosa destruida”.