Momofuku libros

Volver al inicio

Cómo los lobos cambian los ríos

Por George Monbiot | Fuente: Nota original en Sustainable Man

Uno de los descubrimientos científicos más fascinantes de la última mitad de siglo ha sido el de las cascadas tróficas de largo alcance. Una cascada trófica es un proceso que empieza en la cima de la cadena alimentaria y que repercute, en descenso, todo el camino hasta sus primeros eslabones.

El ejemplo clásico es lo que pasó en el Parque Nacional de Yellowstone, en Estados Unidos, cuando volvieron a introducirse los lobos en 1995. Todos sabemos que los lobos matan a varias especies de animales, pero quizás seamos menos conscientes de que dan vida a muchas otras también.

Antes de que los lobos aparecieran –habían estado ausentes por casi setenta años- y como no había nadie que los cazara, el número de venados en el Parque Nacional de Yellowstone había escalado y escalado. A pesar de los esfuerzos del hombre por controlarlos, los venados se las habían arreglado para reducir la vegetación a casi cero. Simplemente la habían pastado.

Pero tan pronto como llegaron los lobos, a pesar de que eran pocos, empezaron a producir resultados extraordinarios.

En primera instancia mataron a algunos de los venados, por supuesto. Pero eso no fue lo más importante: mucho más significativo fue cómo modificaron su comportamiento. Los venados empezaron a evitar ciertas zonas del parque, los lugares en donde corrían mayor riesgo de ser atrapados, en especial los valles y los cañones.

Casi de inmediato, esos lugares comenzaron a regenerarse. En algunas áreas, la altura de los árboles se quintuplicó en tan sólo seis años. Valles desnudos pronto se transformaron en bosques de álamos y sauces. Y tan pronto como pasó eso, las aves empezaron a asentarse. El número de aves cantoras y migratorias empezó a incrementarse de una manera increíble.

El número de castores también empezó a aumentar, porque a los castores les gusta comerse a los árboles. Y los castores, como los lobos, son grandes ingenieros de los ecosistemas: crean nichos para otras especies. Las represas que construyeron en los ríos conformaron hábitats que pronto albergaron nutrias, y ratas almizcleras, y patos, y peces, y reptiles, y anfibios.

Los lobos mataron coyotes y, como resultado de eso, el número de conejos y ratones empezó a elevarse, lo que significó que hubiera más halcones, más comadrejas, más zorros, más tejones. Cuervos y águilas calvas descendieron a alimentarse de la carroña que los lobos dejaban. Los osos también se alimentaban de ella, y su población empezó a incrementarse también, además, en parte, porque había más frutos del bosque para alimentarse. Los osos reforzaron el impacto de los lobos porque mataron algunas de las crías de los venados.

Pero acá es donde el asunto se pone realmente interesante: los lobos cambiaron el comportamiento de los ríos. Empezaron a serpentear menos. Había menos erosión. Sus canales se angostaron, se formaron más remansos, más rápidos. Todas cosas fabulosas para los hábitats silvestres.

Los ríos cambiaron como respuesta a los lobos. Y el motivo fue que los bosques que se habían regenerado estabilizaron sus orillas de forma tal que éstas colapsaban menos seguido. Entonces el curso de los ríos se volvió más estable.

En forma similar, al ahuyentar a los venados de determinados lugares, y al recuperarse así la vegetación de las laderas de los valles, hubo menos erosión, porque la vegetación también se estabilizó. Y así fue como los lobos, pequeños en número, transformaron no sólo el ecosistema del Parque Nacional de Yellowstone, un área de tierra inmensa, sino también su geografía.