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Primavera Ninja – Luis Orani (Momofuku, 2014)

Por MZ | Fuente: Lunes Felices

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Éste viene medio hypeado en el pueblito sociointelectual donde me muevo. Lo compré rápido antes de que me lo cuenten (vengo esquivando charlas y no fui a la presentación).

Lo primero es lo primero: me encantó el tamaño y diseño.

Lo segundo: empecé a leerlo al mediodía, seguí en los tiempos libres y lo terminé a antes de dormir ¿Por qué me enganchó?

Eso, ¿por qué? Porque a priori, una novela sobre el mundo del rock no me interesa en lo más mínimo, ni siquiera si es sobre el indie de la transición 90s/00s en el suburbano bonaerense. Lo que me enganchó fue la decisión artística de poner todas las referencias musicales bajo nombres ficticios, nombres que ganan en sonoridad a los ya conocidos, que están tan gastados como sus músicas.

El riesgo con esto de los nombres es que promediando la lectura, me distraje adivinando a quién se refería. No tenía ningún sentido, porque no hace a la historia, pero estaba seguro que Cachorros Piraña eran los Babasónicos y le erré. Los Babasónicos eran otros (es uno de los pocos que se explicitan, supongo porque el autor pertenece a la generación que no llegaron a taparse los oidos con cera a tiempo y le creyeron a Jessico).

Los Residents tiene un disco (ahora no me acuerdo el nombre) donde la gracia es que ellos tocaron arriba de hits y después  borraron esa pista de referencia. Lo que queda es un bardo que si uno se pone a escuchar con atención capaz se da cuenta sobre qué tema tocaban, pero no es lo importante. Lo importante es agarrar el hit, comérselo, nutrirse de los aminoácidos y eliminar las fibras.

Primavera Ninja es un poco eso, pero con un libro de Hornby (me gusta Hornby, no estoy siendo peyorativo). Al decidir sacarle los nombres, se ponen en evidencia los pibes escondidos debajo de las sábanas que mueven a los fantasmas de aquel contexto musical.

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Tercero: hay detalles de certezas brillantes, como la chica con la remera de Cassavetes o la teoría Diesel/Eléctrico.

Cuarto: incluye las mejores reseñas de discos que leí en mucho tiempo.

Quinto: Tengo en mi computadora un disco de Orani que me pasó “alguien” (tengo códigos) y que se resignificó después de esto.

Sexto, un pedido al autor, con la -ni tan falsa ni tan verdadera- humildad del lector: Ahora que ya te sacaste de encima la música y los bardos políticos de la época, te pido por lo que más quieras que hagas aunque sea un cuento largo con la congregación evangelistas y su derrotero (no quiero espoilear).

Septimo: ¿Lo compraría? Lo compré. ¿Lo regalaría? Sí.