Momofuku libros

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Chicas y audaces

Por Gonzalo León | Fuente: Perfil

Fundar una editorial siempre ha sido, para un joven de noble cuna, 

una de las maneras más eficaces de despilfarrar su fortuna.

Roberto Calasso

Kurt Wolff, el célebre editor de Kafka y maestro de muchos editores europeos, como el editor de Adelphi Roberto Calasso, señalaba que el principal objetivo de un editor era “ganarse –y conservar– a los mejores autores contemporáneos de su país y, a ser posible, también de otros países”. Wolff si bien respetaba la reedición de “obras de épocas pasadas”, ponía énfasis en el presente. Desde hace diez años, en los que hicieron su aparición las primeras editoriales independientes –Mansalva, Entropía, Santiago Arcos– la contemporaneidad ha sido un rasgo importante, que las que las siguieron cinco años después –La Bestia Equilátera (LBE), Eterna Cadencia (EC), Mardulce, Blatt & Ríos– mantuvieron, matices más matices menos. Hoy las nuevas editoriales –Páprika, Momofuku, Metalúcida–, continúan con ese mandato.

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Claudia Arce, Andrés Beláustegui y Maxi Papandrea fundaron Páprika luego de quince años de amistad: Arce trabaja actualmente en EC y Papandrea en LBE. Como explica Papandrea, “tuvimos que pensarlo todo desde cero: desde el nombre de la editorial y el tipo de libros que publicaríamos, el modelo de distribución, hasta el modo de funcionamiento interno”. Páprika tiene atractivas portadas, cuatro títulos hasta el momento y sus tirajes varías entre 1.300 (para Te quiero, del autor argentino que se esconde bajo el seudónimo de J.P. Zooey) y 2.000 ejemplares (para El curso del corazón, del inglés M. John Harrison). Para Papandrea, una buena factura de libros, esto es “bien corregidos, traducidos y editados”, “es una de las características que más definen a los editores independientes”. En cuanto a la conformación del catálogo, Páprika comenzó con una novela argentina, siguió con tres traducciones y en unos meses volverán a editar a otro argentino: Marcelo Cohen. En este sello no existen las colecciones, es decir la narrativa argentina convive con las traducciones, lo que hace pensar en el archicitado ensayo de Borges ‘El escritor argentino y la tradición’. Papandrea se hace cargo de esto cuando señala que “la tradición editorial argentina, antes y después de Borges, está muy marcada por la traducción”. A los editores de Páprika les gusta la ficción, el ensayo, la no-ficción y aquellos libros singulares que van inventando géneros.

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Hernán Vanoli y Lola Copacabana son los editores de Momofuku. Al igual que los de Páprika, se conocían de antes cuando hicieron la antología Alt Lit. Literatura norteamericana actual. La particularidad del sello, que ya lleva siete títulos publicados, es que todos sus autores rondan los treinta y cinco años, por lo que la idea de que hay una apuesta generacional es patente. Vanoli aclara que “eso no significa que estemos cerrados a autores más jóvenes o mayores”. Momofuku ha publicado mayoritariamente autores argentinos (Sebastián Robles, Félix Bruzzone), pero también a un chileno y próximamente al mexicano Federico Guzmán Rubio, ambos en el mismo rango etario. La idea de esta editorial es publicar una narrativa que tenga cosas por decir, que se cuestione sus condiciones históricas de posibilidad; en suma, como dice Vanoli, “una literatura que se haga cargo de que la estética es un campo de batalla por el sentido, donde la pericia narrativa y la imaginación proliferen en un balance único”. De la mano de su experiencia en la antología de literatura norteamericana, Momofuku publicará un libro de cuentos de la autora estadounidense Paula Bomer, con el que inaugurarán su colección de traducciones. Además este año comenzará una línea de ensayos con Los infames, del crítico Maximiliano Crespi.

En 2014 Metalúcida publicó dos libros de autores argentinos y una antología de cuentos del boliviano Edmundo Paz Soldán. Este año ya editó Trabajá. Cuidá a tus hijos. Pagá tus cuentas. Acatá la ley. Consumí, del estadounidense Noah Cicero. Este sello es idea de Sandra Buenaventura, una argentina que vivió un tiempo en París y que regresó en 2012 con las ganas de trabajar en alguna editorial independiente o de fundar una. Así nació Metalúcida. Y así fue también como su catálogo ha ido cambiando, porque si bien en un principio iba a tener un foco en la narrativa argentina y en la narrativa latinoamericana, hoy, y al igual que Momofuku, se abrieron a la narrativa estadounidense. Para Buenaventura la llegada de un autor estadounidense a su catálogo no es casual: “Crecí con Mac Cullers, Steinbeck, Faulkner, O’Connor. Hacía tiempo que venía leyendo a Cicero y su última novela, cuya traducción estuvo a cargo de Mariana Alonso y de mí, tenía todo para estar con nosotros”. Paz Soldán será el primer autor en el que reincidirá Metalúcida con la edición argentina de la novela El delirio de Turing.

A estas editoriales habría que sumar otra, como Iván Rosado que publicó el año pasado El año de Stevenson, de Elvio E. Gandolfo, Alto Pogo que hizo lo propio con Merca, de Loyds, Excursiones que es un sello de ensayos, 800 Golpes que reedita autores canónicos. Todas son chicas y audaces.