Momofuku libros

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Cómo narrar lo contemporáneo

Por Matías Raia | Fuente: Golosina Caníbal

Sumamos a la encuesta general sobre proyecto editoriales a un sello que irrumpió en 2014: Momofuku libros (facebooktwitterweb). Hace un tiempo, escribí sobre dos de los títulos publicados en esta editorial, Primavera ninja, de Luis Orani y Las redes invisibles, de Sebastián Robles; me parece que se trata de una editorial que puede contribuir, como otras que ya hemos mencionado y entrevistado, a una renovación y reflexión sobre la literatura argentina y cómo se narra en ella. En esta breve entrevista, los editores Hernán Vanoli y Lolita Copacabana nos cuentan un poco de qué va Momofuku y cómo construyen su catálogo.

 

GC: ¿Por qué la editorial se llama “Momofuku”?
M: Momofuku no significa nada y al mismo tiempo es un tributo al creador de las Cup Noodle soups, aka sopas Maruchán. Nos atraía, quizás como una broma al destino, su figura de self made man capaz de llegar con su invento hasta todos los rincones del planeta e incluso a la luna. También su forma de narrarlo: en Japón, Momofuku Endo tiene un museo de la sopa que es al mismo tiempo un autotributo que funciona como monumento funerario y espacio de publicidad para su marca. Después, a través del mercado financiero, conseguimos que su corporación hiciera filantropía financiando al proyecto.
GC: ¿Qué criterios tienen en cuenta para seleccionar los títulos?
M: El criterio es heterogéneo, y se vincula a cierta vocación de generar tensiones con las formas en que se narra lo contemporáneo. Creemos que los seis libros que llevamos publicados en nuestros primeros seis meses de vida cumplen, desde diferentes ángulos y a través de diversas poéticas, con ese mínimo requisito. Pretendemos que, sin resignar el vector del entretenimiento, los libros puedan generar preguntas sobre las maneras en que biografía, historia, tecnologías y política se cruzan y generan una mancha o una opacidad en el fluir del lenguaje, al mismo tiempo que un intento por reflexionar sobre las formas de contar. Desde luego que debemos dejar afuera libros que nos interesan porque los recursos y el tiempo son limitados.

GC: ¿Qué piensan sobre la literatura argentina que se escribe en la actualidad? ¿Buscan expresar esa perspectiva en su catálogo?
M: La literatura argentina que se escribe en la actualidad es demasiado amplia y diversa, por suerte muy rica. En muchos casos también es muy provinciana en el sentido que establece una relación fetichizada con la tradición y una relación subordinada con la “World fiction” y lo que se piensa que son las literaturas literarias. Sería imposible abarcarla en su diversidad y por otra parte eso es algo que no nos interesa. Lo nuestro, a través del catálogo, los paratextos y demás intervenciones editoriales, funciona como un croquis de formas de leer, un mapa a medio trazar que puede ser completado, ignorado o subvertido por cada lector.
GC: Además de literatura argentina y latinoamericana, ¿piensan publicar literatura en otros idiomas o no ficción?
M: Sí, tenemos planeada una colección de traducciones y una colección de ensayo, que se van armando de manera fragmentaria y después de procesos de discusión interna.

GC: La bajada de cada título es un rasgo que sorprende en las tapas de Momofuku, ¿por qué eligieron ese recurso?
La bajada es una intervención que corre por cuenta de la editorial, es un paratexto más, que puede sumar o restar pero arriesga en forma leve una hipótesis de lectura. Lo hacemos porque muchas veces aporta información sobre los libros, que por su parte tienen un diseño de tapa un poco más hermético. Pero esencialmente es un juego.
GC: ¿Qué importancia le dan a las ilustraciones de tapa de los libros?
M: Muchísima. Las discutimos y trabajamos con mucho esmero. Por suerte, para la primera serie pudimos contar con los collages de Ana Clara Soler y de Juan Goicochea, que son unos genios, y de Willy Weiss, que también es un artista y se involucra con cada libro y nos ayuda.
GC: ¿Qué títulos esperan publicar en 2015?
M: No podemos adelantar demasiado: por ahora, tenemos Aleksandr Solzhenitsyn, una novela de Lolita Copacabana que lidia con el crimen y el castigo, mientras se pregunta por el espíritu modernamente amable y carcelario de una Buenos Aires donde el control reticular excede la presencia omnipresente de las cámaras o los servicios de inteligencia, en una búsqueda que genera confluencias entre los rusos del siglo XIX y los norteamericanos del siglo XXI. Y también Bebé y otros cuentos, de la norteamericana Paula Bomer, un libro que en el espíritu de John Cheever y de A.M. Homes se introduce en la vida en los suburbios de la clase media yanqui, trabajando en forma sorprendente con las diferentes facetas de la maternidad, las ambiciones y la capacidad de amar que se incuban en los suburbios de Nueva York. Las chicas llegaron a Momofuku y van a sorprender a unos cuantos. Pero también tenemos otra novela casi cerrada y un libro de ensayos muy potente.