Momofuku libros

Volver al inicio

Felicidad repulsiva

Por Diego De Angelis | Fuente: La izquierda diario

Ante lo que podría definirse como “obligatoriedad de la dicha” paterna, Bebé y otros cuentos, de la escritora norteamericana Paula Bomer, exhibirá en una serie de diez relatos feroces lo opuesto, la tristeza y el desencanto que madres y padres cargan sobre sus espaldas por el nacimiento de sus esperados hijos.

Podríamos decir que por definición, la maternidad y la paternidad suelen ser experiencias caracterizadas por una sensación de felicidad inevitable. Si se es madre o si se es padre pareciera no existir posibilidad de no ser feliz. La felicidad, en este caso particular -tan esquiva en otros-, sin dudas gobierna. Definición por supuesto política, aferrada a un sentido común dominante que determina – ¡oh, extraña determinación!- la obligatoriedad de la dicha. Bebé y otros cuentos, de la escritora norteamericana Paula Bomer, exhibirá en una serie de diez relatos feroces lo opuesto, la tristeza y el desencanto que madres y padres cargan sobre sus espaldas por el nacimiento de sus esperados hijos.

La felicidad aquí no será más que una suposición. Una proyección sostenida por cierta imaginación previa que cuando efectivamente se cumple no puede sino provocar desilusión y desconcierto. “¿No se suponía que era una etapa para disfrutar tranquila?”, “No había sido para nada divertido”, “La maternidad no era lo que había pensado”, “¡Las cosas estaban tan mal desde el nacimiento!”, expresarán cada uno de los personajes, respetables mujeres y hombres de clase media, casi como confesiones desquiciadas, en trance ominoso hacia la más profunda depresión. En los relatos de Bomer tener un bebé no causará placer, sino lo opuesto: “Con su inconsolable, berreante bebé en brazos se dio cuenta de que iba causarle dolor. Y lo odió, profunda, inmensa y oscuramente, por el dolor psíquico, emocional y físico que le estaba causando”. Extraño instinto maternal que desembocará en una alucinada descarga de violencia: “Y se imaginó aplastando su diminuta cabeza gritona contra los exquisitamente expuestos ladrillos de la pared”. A contrapelo de la creencia generalizada, la llegada de un bebé se convertirá en el comienzo del derrumbe mental de sus padres. Todo sale mal, nada es de acuerdo a lo planeado, las ilusiones desaparecen casi tan veloces como el entusiasmo. El sentimiento que concentra el conjunto de las historias es el de la melancolía, el recuerdo de los viejos tiempos sin hijos.

En “La madre de sus hijos”, primer cuento del libro, un hombre durante un viaje en avión recordará la traumática experiencia de haber presenciado el nacimiento de su primogénito. El dolor de asistir al parto y contemplar cómo el cuerpo de su mujer se desgarraba monstruosamente para darle paso a su primer hijo. El cuerpo de la mujer, transformado para siempre y por completo, será puesto en escena con crudeza. En “Un apretón de manos de mierda” –acaso el mejor relato de la serie- una madre con dos hijos y con un marido amable y aburrido buscará sobrellevar su amarga existencia con alcohol y sexo salvaje, y descubrirá en el lento transcurrir de su infierno diario la enorme satisfacción que provoca escupirles la verdad al conjunto de hipócritas a su alrededor. Un despliegue endemoniado de revelaciones inoportunas contra la decencia y el decoro. El alcohol funcionará como acicate para el desahogo. Frustración y vacío es lo que siente Jon, el protagonista de “Significaba todo para él”, al advertir cómo su mujer ha dejado de amarlo después del nacimiento de su bebé.

No hay placer, no hay alegría, no hay motivos por los cuales estar contento. “Una caminata al cementerio” narrará a su vez otro tipo de sufrimiento, el de una madre cuando ha llegado el momento de separarse de su hijo, que ya es grande y exige espacio. El corazón de a poco ennegrece. El nacimiento traerá consigo la emergencia de la muerte.

La escritura de Paula Bomer es brutal. Su punto de mira es preciso. No busca otra cosa que desnudar justo aquello que por inmoral resulta mejor conservar en secreto. Como en estado de guerra, escribe para bombardear la fábula que sostiene el bienestar de la sagrada familia burguesa.