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La literatura como mecanismo para mantenerse siempre vivo

Por Walter Lezcano | Fuente: Tiempo Argentino

Con la edición de su tercera novela, Las chanchas (Mondadori), y la reedición de 76 (Momofuku), su primer libro de cuentos, este joven escritor confirma su interés por temas que una y otra vez vuelven a intentar repensar el pasado reciente.

La literatura como mecanismo para mantenerse siempre vivo

Hace unos años Félix Bruzzone (Buenos Aires, 1976) llamó la atención a partir de un libro clave para entender la forma en la cual las nuevas generaciones de escritores se relacionan con la última dictadura militar. 76 tuvo su primera vida en Tamarisco, una editorial de la cual el mismo Bruzzone era uno de los editores. Ahora fue reeditada por la reluciente editorial Momofuku, con el agregado de dos cuentos que tienen el mismo phatos. Y se puede decir que a esta altura 76 tiene cierto estatus de clásico moderno. “En su momento fue un libro que se leyó como algo nuevo y yo no me explicaba bien por qué”, dice Bruzzone en un bar de Constitución. “Yo no lo había pensado de esa manera. Simplemente había escrito ese libro como había podido y ya. Y ahora que lo tuve que releer para reeditarlo me di cuenta por qué había pasado eso. Ese libro lo que hacía, ahora lo puedo ver, era contar toda una zona de los hijos de desaparecidos que no se veían, eran invisibles, que eran los no militantes, o militantes muy módicos. Y eran hijos que al no participar y al tener una especie de errancia alrededor de todo ese problema, de alguna manera interpelaba a cualquiera. Es un poco lo que les pasó a todas las personas en Argentina. Creo que esa es la incomodidad de ese libro: era una especie de espejo de cualquier persona, sea o no hijo de desaparecido, haya o no atravesado esa experiencia.”

Las lecturas políticas convirtieron a 76 en una obra anclada en un contexto determinado y que hablaba de una herida todavía reciente de nuestra historia. Sin embargo, en su esencia era una narrativa sobre la ausencia y el desamparo: la falta de padres. Dice Bruzzone: “Eso sí lo tenía claro, hablar del peregrinaje que hace cada uno con estos temas era algo que me interesaba. Lo de ser hijo de desaparecido era casi anecdótico. De hecho, en el libro está metido un poco eso: no es lo más grave que te puede pasar ser hijo de desaparecidos. Hay cosas mucho peores.”
Pero esa no fue la única aparición en la mesa de novedades que tuvo Félix Bruzzone últimamente. Apareció su tercera novela, luego de Los topos y Barrefondo: Las chanchas (Mondadori). Un movimiento desconcertante porque es un texto de ciencia ficción, transcurre en Marte, y que recupera un personaje de Los topos: Romina. En esta ocasión la temática es el secuestro: “En esta novela la continuidad con lo que vengo haciendo es clara más allá de que el contexto sea Marte. Lo que quería, en un principio, era ver qué pasaba con la situación inicial del tipo secuestrando involuntariamente a dos chicas adolescentes. Toda la novela, para mí, es el desarrollo de esa escena. En ese sentido es bastante experimental, no hay mucho cálculo. En un momento se me ocurrió decir ‘vamos hablar de Marte’, como si fuera un chiste. Después quise ampliar esa cuestión: pongo marcianos y así. Cada elemento que iba apareciendo intentaba vincularlo con lo que ya estaba e ir armándolo.”
Las chanchas es una novela que tuvo muchas versiones y que aborda, con un tono despreocupado, una situación de violencia que perturba el imaginario social desde siempre: el cautiverio y el secuestro. Y hay una escena muy traumática en el texto: las chicas junto a sus secuestradores salen a ver las protestas sociales que se llevan a cabo para encontrarlas. Explica Bruzzone: “Alguien me señaló que en esa secuencia están las cautivas de la ESMA saliendo con los represores a la calle. Eso yo ni lo pensé. Entiendo que lo puedan leer por todo el vínculo que se construye con Los topos, pero en realidad lo que me interesa a mí es contar cómo se conforman las familias. Cómo se van moviendo las situaciones familiares. Y entonces la incorporación de dos chicas a una familia, en la condición que sea, en este caso secuestradas, bueno, ¿qué pasa ahí?”
Las chanchas rodea la perversión desde diversas perspectivas. Son las distintas voces las que dan cuenta de la situación y es ahí donde la multiplicidad complejiza las tensiones. Sin embargo, el modo en el que está contado todo contrasta con este hecho. Cuenta Bruzzone: “Eso viene desde Chéjov, ponele. Es un movimiento bastante frecuente en la literatura. Lo que empieza como una broma y termina en una tragedia. Acá pasa eso también. Los personajes nunca terminan de asumir o de percibir bien la perversión de lo que ocurre. Lo que sí, siempre viene el indicio de por dónde viene lo grave: en aquellas cosas que no tienen demasiada explicación.”
Y para cerrar un 2014 muy productivo, Félix Bruzzone se muestra como un jugador de toda la cancha y acaba de publicar su primer libro para chicos con ilustraciones de Pablo Derka: Julián en el espejo (Adriana Hidalgo Pípala). Cuenta el autor sobre el origen de esta historia: “Fui maestro algunos años. Chicos de 6 años. Trabajábamos mucho con versiones y adaptaciones de cuentos tradicionales y con invenciones de los chicos. Siempre me pareció que los libros ‘para niños’ no son tanto un género como una intensidad o una modalidad de la literatura. Es un tremendo desafío tener que hacer tanta cosa en tan poco espacio. Era una cuenta pendiente. Siempre inventamos cuentos con mis hijos a la noche y nunca lograba encontrar una escritura adecuada. En un viaje conocí a Clara Huffman, la editora de Pípala, le conté este terrible problema, me pinchó para que insista y salió. No quería tocar ningún tema, pero lógicamente los temas aparecen.” La pregunta que surge naturalmente es qué diferencia establece entre la escritura de una obra infantil y la de sus anteriores obras: “Es una escritura más limpia, menos autorreflexiva, casi mi ideal de escritura. Y la relación con la imagen pura también es distinta. Pero se interpenetran. De hecho, para Las chanchas recurrí también a un ‘relato’ en imágenes, que se puede ‘leer’ en la parte de Mara.”
Bruzzone piensa seguir escribiendo libros para chicos. Por lo pronto tiene en distintos niveles de finalización dos novelas. Y son textos, que como todo lo anterior, están atravesados por su vida, por la experiencia. Bruzzone lo expone de esta manera: “El trabajo con la experiencia no lo voy a dejar nunca porque es una condición de mi literatura. No me voy a correr de ahí.” «