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La literatura invita a pensar el mundo que vendrá

Por Julieta Roffo | Fuente: Clarín

Abrió el Festival literario Filba. El futuro será el tema central. Entre los invitados están el Nobel J. M. Coetzee y la francesa Catherine Millet

“Sólo nos queda el mañana. Levantemos la copa por ese día que nunca llega, pero que es lo único que nos queda”. El auditorio del Malba está a oscuras y sobre el escenario, el grupo artístico Ritmo y Poesía habla de lo que viene. Una chica recita que en 2018 China será la nueva potencia mundial y que en 4074 los humanos usarán el 34 por ciento de su cerebro, otra hace danza sobre el escenario, un chico usa su voz como único instrumento para musicalizar la prédica. Fue ayer en la inauguración de la séptima edición del festival internacional de literatura Filba, que en Buenos Aires se extenderá hasta el domingo, y que también tendrá actividades en Montevideo y Santiago de Chile. El eje temático de este año quedó claro desde el minuto cero: estamos invitados a hablar del futuro.  Pablo Braun, presidente de la Fundación Filba, que organiza el festival, enfatizó en su discurso inaugural: “En la edición de Buenos Aires, habrá 18 autores internacionales y 50 autores locales invitados a decirnos qué se viene, y a ayudarnos a construir un mapa de lecturas que nos oriente”.

Entre esos escritores, estarán el Nobel sudafricano J.M. Coetzee -ya habitué del evento-, la francesa Catherine Millet, su compatriota David Foenkinos, y los argentinos Liliana Heker, Hernán Ronsino, Sergio Olguín y Juan Pablo Bertazza. En tres sedes -el Malba, el centro cultural La oreja negra, y el espacio cultural de la Abadía de San Benito-, habrá talleres, entrevistas y lecturas. “Queremos que esta edición logre el equilibrio justo entre mantener la calidad de los años anteriores y aumentar la convocatoria. Se trabajó mucho en el programa, y a la vez hubo mucho empeño en llegar a otros públicos: se organizaron talleres con los docentes y nos contactamos con clubes de lectura, porque creemos que hay que ir a buscar a los lectores”, le dijo a Clarín Gabriela Adamo, directora ejecutiva del festival.

Algunos cientos de esos lectores llenaron el auditorio del Malba y, para honrar a la literatura, esperaron la inauguración libro en mano. Estaban ahí varios referentes del mundo de las Letras, algunos de ellos participantes del festival: los escritores argentinos Jorge Consiglio, Gabriela Massuh, Miguel Vitagliano, Damián Tabarovsky, la librera Natu Poblet, y los autores Constantino Bértolo, de España, Eleanor Catton, de Nueva Zelanda, y Luis Chaves, de Costa Rica.

Todos siguieron atentos las palabras de Martín Kohan, escritor, docente y crítico literario, quien dio la conferencia inaugural. “No será breve”, advirtió, y cumplió. Reflexionando sobre las nuevas tecnologías y redes sociales que habilitan una exhibición constante, Kohan se refirió a “los que posan de escritores” como aquellos que fortalecen “el fetiche de la figuración autoral y el mito del escritor full time, el que es escritor en todo lo que hace”. Lo contrapuso a “el escritor que es escritor solamente cuando escribe; y entonces, ante las exigencias de la imagen, lo que hace es simular (…) Ante el imperio epocal del volverse imagen, existe una resistencia posible que radica precisamente en la pose: fingir que se es eso mismo que se es”, explicó.

Señaló la repetición de dos tendencias estéticas de la literatura argentina contemporánea, no sólo por parte de los escritores sino también por parte de los críticos: la autoficción y el realismo. Sobre la primera, sostuvo: “Como autoficción o como giro autobiográfico, y en procura de volver a poner al autor, como persona real, en el centro de la escena, contar tiende a consistir, cada vez más, en contarse”. Y sobre el realismo dijo: “Si en algún texto aparece una marca o una referencia política, se da por hecho que entonces es realista (…) Terminaremos, si es que no terminamos ya, por llamarle realismo a toda la literatura. La definición perdería su razón de ser (o la conservaría tan sólo en su variante más elemental: como oposición de género a la literatura fantástica)”.

Se entusiasmó, en cambio, con una tercera posición: la desfiguración, “una apuesta a la distorsión que ahuyenta el pacto estable del reconocimiento y la ratificación, para poner a funcionar los perturbadores dispositivos de la deformación y la extrañeza”. Entre otras obras que apuestan a esta estética, Kohan citó La construcción, de Carlos Godoy, Romance de la negra rubia, de Gabriela Cabezón Cámara, y, sobre todo, La arquitectura del fantasma, de Héctor Libertella. “La desfiguración del mundo, del pasado, de los hechos, la autodesfiguración están no menos vigentes en la literatura argentina”, dijo, y trazó el primero de los mapas de lectura para el futuro que este festival propone.