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“Las redes sociales son las ciudades donde hoy vivimos”

Por Matías Méndez | Fuente: Infobae

El aclamado joven escritor argentino Sebastián Robles habló con Infobae sobre “Las redes invisibles”, un original libro de relatos que propone un inventario de mundos virtuales en clave fantástica.


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En Las redes invisibles, su segundo libro editado por Momofuku, el escritor argentino Sebastián Robles propone un viaje de la mano del lenguaje: no se trata de un recorrido cualquiera, no es un tour turístico ni una travesía de aventuras. Es mucho más ambicioso: invita a navegar por redes sociales que nacieron de su frondosa creatividad y para hacerlo se inspira en Italo Calvino y en Borges; juega con Rebelión en la granja de Orwell y nos recuerda a Bolaño.
Redes sociales que reúnen a enfermos terminales o que en base a un algoritmo encuentran el amor (“no vincula parejas a menos que su nivel de compatibilidad alcance el 99,6%). Redes en las que se encuentran escritores o que son tomadas por asalto por mascotas. Citas apócrifas, libros reales con referencias falsas y un cierre en el que imagina que las redes sociales se inventaron en las entrañas del diario Crítica de Natalio Botana. Diez redes que pueden ser planetas. Diez redes nombradas cada una con una sola palabra. Diez redes que pueden ser diez cuentos o diez redes que pueden ser una novela.
-¿Podemos definir a tu libro como viajes hacia lo invisible que nos rodea?
Esa era la idea. Por un lado, el origen de este libro está en una relectura de Las ciudades invisiblesde Italo Calvino que agarré casualmente, es un libro que tiene muchas descripciones de ciudades imaginarias que le hace el viajero Marco Palo a Kublai Kan, que no puede viajar, y al que le cuenta lo que hay en sus dominios. Me seducía esta idea de tomar a las redes como ciudades, en el sentido que me parece que es el espacio que hoy en día habitamos quizás con mayor entusiasmo o mayor atención que las ciudades físicas en donde vivimos, por lo menos en términos sociales se está volviendo cada vez más relevante. También me gustaba algo que está pegado a esta idea y es la idea de recorrer territorios desconocidos. La analogía con las ciudades también se puede hacer con los planetas, cada red es un planeta desconocido que un cronista viene a visitar y a descubrir para el lector y ahí empieza a contar las costumbres de los usuarios, empieza a descubrir la legalidad que tienen las relaciones entre ellos. Con lo cual están por un lado, las cosas que habitamos siempre y, por otro, el ejercicio era pensarlo como lugares extraños porque ya los tenemos muy naturalizados. Verlos desde afuera y recorrerlos por dentro.
-Quizás uno de los aciertos sea no caer en el elogio acrítico de las redes sociales que las ve como el reino de la democracia participativa ni tampoco en la lisa y llana impugnación. Para decirlo con la vieja fórmula de Umberto Eco: ni apocalípticos ni integrados. 
Exactamente, ni apocalíptico ni integrado. Me dijeron que el libro podía leerse de una manera un tanto apocalíptica, en cuanto a su visión de las redes. No lo veo así, si bien hay un sesgo, donde todas las redes del libro de alguna manera tienden hacia su disolución, pero todos tendemos hacia eso. Vistos desde lejos y con cierta perspectiva, todo el tiempo nos estamos deteriorando. Contar una vida es también contar su deterioro y contar la vida de una red o de un planeta es contar desde que nace hasta que muere. Traté de hacer eso, contar su vida que a veces para el usuario no es claro. Hoy sabemos que Mark Zuckerberg fundó Facebook, conocemos la historia y hay una película, pero esa es una red entre muchas y además esa historia no la conocíamos cuando entramos. Me divertía en el caso de estas redes pensar cuál era el origen de cada una, adónde iba, que pasaba con el fundador de esa red, contar sus biografía dentro de la red y por eso cada red tiene la forma del relato biográfico porque la web es el lugar en donde hoy se desarrollan nuestras biografías, en donde se ven las huellas de nuestras biografías.
-Biografías en las que hay una frontera entre lo real y lo ficticio que nunca es clara. ¿Ese era un punto a trabajar en los relatos?
Esa frontera no es algo propio de la web sino de la vida misma, todo el tiempo convivimos con ficciones y muchas veces no somos conscientes que eso es una ficción. En el caso de la web, me pareció interesante destacar, por lo menos en algunos de los relatos, cómo esas ficciones que habitamos, si no están direccionadas, por lo menos están determinadas por el ambiente, por la geografía, y cuando digo geografía estoy hablando del diseño gráfico de una red social que de alguna manera es su geografía. Todo eso contribuye a que la manera de comunicarnos sea de una manera y no de otra, por eso esta idea de la democratización siempre es un poco ilusoria, porque nunca hay un intercambio libre, siempre hay alguien que está interviniendo y que, de algún modo, determina qué vamos a mostrar de nosotros en esa red y eso que vamos a mostrar es lo que también le da forma a las relaciones que establezcamos ahí adentro.
-El libro empieza con una cita de Calvino y se cierra con una presencia explícita de Borges y el cuento “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” al que se anima a una relectura que es casi una reescritura. 
No fue una influencia directa y te diría que ni siquiera fue una influencia buscada. Lo que sucedió fue que a la hora de empezar a reseñar estas redes inexistentes, me di cuenta que entre reseñar redes sociales y reseñar libros había un parentesco y de ahí el salto a Borges era inevitable. Además fue un salto que di con gusto porque me parecía interesante explorar ese camino. Pero las referencias más directas fueron otros libros como La literatura nazi en América de Bolaño, también Vacío perfecto de Lem, que es una colección de reseñas de libros imaginarios. Esas son las fuentes. Hablar de una red es hablar no de una ficción, sino de una forma de ficción y de una determinada forma en la que se van a relacionar una serie de personas y, en ese sentido, el sustrato que me daban esos autores, y Borges en particular, era importante, y me valí de eso a partir de cierto punto de manera consciente.
-¿Puedo decir que el relato Tlön es una reescritura del cuento de Borges o exagero?
Es difícil, trataba de pensarlo de otra manera: el cuento Tlön, que es un relato sobre una red social apocalíptica que se llama Tlön, no lo pensé como una reescritura sino que lo que quería hacer era hablar del lenguaje de la web en un sentido más material, el HTML y qué se deriva de ahí y cuáles son las implicancias de relacionarnos a través de un medio que está escrito a través de este lenguaje y lo que imaginé es un colapso de este lenguaje y la referencia a Tlön vino sola y cuando me di cuenta que era Tlön lo que quería escribir ahí lo reforcé. Pero no empecé como una reescritura, más bien fue algo que decantó solo.
-El libro tiene una elaboración sobre el lenguaje que se utiliza en internet, por ejemplo cuando le da voz a los usuarios de las redes sociales. ¿Ese fue un desafío?
Sí, porque en la web somos imagen pero somos fundamentalmente textos y yo quería trabajar esos textos. Si todos los personajes del libro hablaran con un lenguaje muy pulido, por un lado sería muy aburrido y por otro, no los estaría describiendo bien. Que un personaje hable con faltas de ortografía era mi manera de describirlo, no sé cómo ese personaje se viste, pero cuando el personaje se presenta sólo como texto la materialidad de ese texto es doblemente importante. Había que reproducir los modos de hablar de la web que no se parece al lenguaje pulido que uno puede leer en un libro, en general es mucho más fragmentario, desprolijo y esa suciedad era la que quería transmitir.
-Le cuento un anécdota personal: cuando estaba leyendo su libro, al lado mío había un grupo de señoras de entre 60 y 70 años y llega una y le dice a la otra “estoy muy enojada con vos, subí la canción de la novela y no me pusiste me gusta”. ¿Cómo analiza el efecto de las redes sociales fuera de internet?
Me siento parte de una generación parcialmente privilegiada, porque nos acordamos cómo era la vida antes de las redes sociales y, al mismo tiempo, vivimos el pasaje hacia eso que es todavía algo en proceso, no es que se haya terminado ni mucho menos. En ese sentido, observo mucho cuando la red social repercute en la vida de las personas afuera de la red social y cómo lo hace. Por ejemplo, que una persona le reproche a otra que no le puso me gusta. ¿Qué es lo real en esa persona? ¿Es más real la foto y el me gusta que el vínculo que pueda tener con esa persona que tiene parada en frente? Ahí vemos el grado de penetración de esas redes y eso confirma la tesis del libro, que la red social son las ciudades verdaderas en donde hoy vivimos y lo interesante es saber que esa red social o esa ciudad en la que estamos viviendo, no es una ciudad que se generó espontáneamente, no es algo natural, sino que es un artificio generado por alguien y que esa forma de relacionarnos tiene un objetivo.
-¿Por eso la importancia que usted le da al algoritmo en el texto?
Claro. El que trabaja muy bien este tema es Nicolás Mavrakis en El recurso humano. El algoritmo tiene en las redes sociales una función similar a la que puede llegar a tener la divinidad en el ámbito de la historia humana anterior a las redes sociales, en el sentido en que a nosotros como usuarios ni siquiera nos importa saber que hay algoritmos y cómo operan, sólo alcanza con la sospecha de que puede existir, con la creencia de que existen.
-¿Algo así como un panóptico?
Como un panóptico: tal vez no haya nadie que nos quiera leer, tal vez no haya nadie que nos esté vigilando, pero lo terrible es que ya no importa, porque potencialmente todos estamos siendo vigilados y todo lo que hagamos deja una huella potencialmente o tal vez no. Ese tal vez no es irrelevante.
-Hay otro diálogo literario. Es con “Rebelión en la granja” en el relato “Animalia”, la red social de mascotas.
En general nos comunicamos a través de texto y esto no significa que no haya una infinidad de lecturas: hay tantas lecturas como usuarios de internet hay. En la web te llega un libro que a diferencia del papel, no tiene lomo, no tiene paratexto, no sabés de donde viene, no sabés quién lo escribió ni por qué lo escribió. La mayor parte de las veces uno tampoco sabe cómo leerlo. Necesita cierta preparación o cierta imaginación para encarar esa lectura. Lo que pasa en la red Animalia es que las mascotas de repente pueden leer e ingresan a la web y se les presenta este texto Rebelión en la granja y no lo interpretan como un texto literario, sino como un texto histórico y dicen vamos a repetirlo. Sacando lo satírico, eso pasa muy a menudo y de hecho fui testigo de cómo funciona eso. Tuve blogs durante mucho tiempo, intervine en los comentarios de mis propios blogs y de otros y ahí podés ver cómo siempre las lecturas son diferentes, incluso en los propios comentarios de los diarios hay gente que lee todas las noticias en función de si es kirchnerista o antikirchnerista, cuando no tiene nada que ver eso. La lectura es algo anárquico y caótico y al mismo tiempo la lectura es la manera que tenemos de tratar de empatizar con otros en la web. Meter un texto literario ahí era un poco una provocación y una manera de tratar de ver qué pasa con la literatura en la web.
-Esto me lleva a otra conclusión a la que llegué después de leer su libro y a la que es obvio arribar como cierre de la charla: le interesa mucho más la creación de sentido en la web que lo digital como medio, para decirlo en términos de McLuhan
Sí, lo digital me importa muy poco. Es el soporte de estas redes pero no soy un periodista tecnológico, no sé mucho de tecnología. Sí me interesa, pero no podría escribir sobre eso. Busco cuáles son las fuentes de sentido que tenemos hoy en día y cómo esos sentidos nos influyen en nuestra vida cotidiana, esa es la exploración del libro. Es la búsqueda de sentido, exactamente.