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Entrevista a Lola Copacabana

Por Florencia Angilletta | Fuente: Ni a palos

Lindsay Lohan reescribe Crimen y castigo en la Zona Norte. Con esta propuesta borgeana, política y adictiva Lola Copacabana -psicoanalista, traductora y editora- presenta Aleksandr Solzhenitsyn, novela con la que vuelve a las pistas a casi diez años del éxito de Buena leche. Durante este tiempo, escribió reseñas en un blog de alto impacto, tradujo y compiló ALT LIT: Literatura norteamericana actual (Interzona, 2014) y, también junto a Hernán Vanoli, actualmente es responsable del emergente y magnético sello editorial Momofoku. Acción, igualitarismo y la eterna pregunta sobre la verdad y las formas jurídicas en un cóctel donde se mezclan la sombra del gulag, Tao Lin y ese vacío incierto sobre el que surfea el futuro argentino.

lola copacabana

¿Por qué pasaron casi diez años desde Buena lechetu primera publicación?

Era algo que había escrito entre los 22 y los 25. No me arrepiento para nada de esa experiencia. Aprendí un montón, conocí gente, me di a conocer. Pero era medio chica. Y me enfrenté de golpe con mucha exposición, con mis propias limitaciones. Y me tomé mi tiempo. Me cambié de carrera a Psicología. Leí mucho y seriamente. Me pude dar el espacio para pensar qué es lo que me gustaba y quería.

¿Cómo surgió la posibilidad de volver a escribir y de publicar Aleksandr Solzhenitsyn?

Necesitaba sentir que no existía una expectativa y hacerlo por mi propio deseo. Y fue más como la necesidad. Hay una relación entre el sujeto y la ley que me interesó siempre. Y en esta novela se plasmaron muchas cosas: de crecer, de ser mina, de ser madre, de estudiar Derecho, de estudiar Psicoanálisis, de psicoanalizarme. Está todo ahí. A veces cuando volvés a publicar demasiado pronto lo mejor que te puede pasar es decir lo mismo. Y yo no me apuré.

Mi hipótesis es que es una novela de meditadas decisiones estéticas. Pienso, por ejemplo, en la no utilización de nombres de pila o pronombres.

Lo de los nombres es un recurso de la ALT LIT, en particular de una novela de Tao Lin, y yo había empezado a jugar con eso en Twitter. Y de golpe me empezó a resultar muchísimo y me acercó a la creación de un personaje. A mí me interesaba dejar no sólo de escribir de mí misma y hacer personaje sino pasar a la tercera persona.

Y justamente, ¿cómo dialoga el libro con las escrituras de la ALT LIT, este movimiento literario estadounidense actual, del que sos traductora y una suerte de mentora?

La novela no es ALT LIT, no es lo que me propuse. A mí me interesan algunas zonas de la ALT LIT. Me interesa buscar lo que me gusta. Y me parece que es imposible el diálogo directo. Resultaría un producto banal y estúpido traducir las peores cosas de la ALT LIT. O emularlas. Porque tenemos otra realidad.

Una característica de la ALT LIT es la “nueva sinceridad” frente al supuesto cinismo de los noventa. Mientras que tu escritura va por otro lado, se pregunta por la ley. 

De la ALT LIT me interesan ciertas cuestiones de estilo. Y ciertos posicionamientos en torno al consumo o al lazo social posible. Se habla a veces en la ALT LIT de una posición autista, que no sé si es la correcta forma de catalogarla, pero que un poco está en mi narrador, que es como un cierto desconcierto a todo eso que se impone.

¿Por qué el título Aleksandr Solzhenitsyn?

Tao Lin tiene una novela que se llama Richard Yates, que es mi novela favorita y creo que fue mal leída y sobre todo poco comprendida. Richard Yates es un autor yanqui que describe muy bien las relaciones afectivas y matrimoniales de la sociedad norteamericana tipo de los años cincuenta. Y la novela de Tao Lin es como la traducción de eso a una súper recontra actualidad de unos pendejitos. Está muy buena, y me pareció muy interesante esa operación.

Pero a la hora de elegir no tomaste un autor norteamericano, que quizá sería lo esperable.

En tanto la forma de escritura, el estilo, mi novela tiene mucho de ALT LIT. Pero los temas no. ¿Por qué? Porque me copan los rusos. Y me pareció apropiado el título de Aleksandr Solzhenitsyn porque este escritor es el autor de Archipiélago Gulag. En esa obra describe la captura, el enjuiciamiento y el campo de trabajo. Y lo más aterrador de la experiencia es que, en la mayoría de las ocasiones, se trata de capturar a un sujeto sólo por ser considerado peligroso. Y a los personajes de mi novela les pasa eso: hoy en día, por cometer determinadas acciones sin daño, se puede ser condenado a un trabajo que no es pago. Nos creemos tan liberales y nos horrorizamos por todo eso que pasó. Pero a la vez, ¿estamos de acuerdo en castigar sólo por la peligrosidad? El título viene por eso. Repensar preguntas que estaban un poco guardadas.

¿El contexto político nacional te resonaba en estas preguntas guardadas?

Me parece que es un peligro de lo que puede venir. En todo caso me parece que al que no le parece peligroso que te castiguen por un no daño…. bueno que hablemos y profundicemos en qué situaciones estamos dispuestos a hacerlo y hasta qué punto. No pensarlo me parece arbitrario.

aleksandr solzhenitsyn

¿Por qué Crimen y castigo?

Hay un libro de Dostoievski en el que él también habla de la experiencia en el campo de trabajo. Y después la escena de Lindsay Lohan con el juez es una escena medio replicada del momento en que Petrovich le hace confesar a Raskolnikov.

Las protagonistas se llaman Lindsay Lohan y la madre de Elle Fanning, ¿qué te atrajo de la fama para pensar la ley?

Esas celebrities son las que ya pasaron su mejor momento. Y la madre de Elle Fanning es un tipo de sujeto que me interesa pensar: el que se define a partir de otro. Además, me parece que renegar de haber mamado lo yanqui es boludo. Creo que mucha gente en su primera lectura de mi personaje o de mi persona se piensa que yo tengo una especie de adoración. Y no. Es una relación súper tortuosa con todo lo estadounidense. Pero pensar que estamos más influenciados por Martín Fierro que por Alf… es como negar al padre. Culturalmente, consumí mucho más Lindsay Lohan que Celeste Cid.

Y por otro lado los rusos. La novela es una rara avis que mezcla dos tradiciones. Lindsay Lohan escenifica Crimen y castigo

¡Totalmente! Me parece que es un diálogo que es posible y podemos generar. No estamos en ninguno de los dos, o quizá nuestra esfera de influencia tiene que ver con lo norteamericano. Pero ahora que ese imperio está declinando podemos ver qué tal, ¿qué tenían para decirnos estos rusos?

Una suerte de linaje borgeano, si pensamos que Borges plantea que lo más argentino es esa mezcla.

Según Borges, la tradición es todo Occidente. Entonces podemos darnos ese lujo, y desde la periferia agarramos a los dos.

En el libro en ningún momento hay un discurso moral. Sólo es la narración de un proceso. 

Elijo eso: éste es el proceso, ¿qué opinas de esto? Que sea una pregunta. Que ponga al lector a trabajar. Puedo tirar unas puntas, incluso tener una opinión que puede o no ser legible. Pero no estoy para dar respuestas masticadas. Para eso escribiría ensayo. Y no es lo que me interesa.

Es una escritura formal, sobre un proceso legal, pero resuelta de un modo muy gracioso. Una novela divertida sobre cómo aburrirse.

Me alegra si te reíste porque creo que la única forma de soportar la existencia, en términos muy dramáticos, es eso. No nos queda otra. Y me importa mucho por qué y de qué nos estamos riendo, más que hacer reír o el efecto. Quiero que sea gracioso más que humorístico. El que te viene a contar chistes de fogata me tortura.

Las protagonistas me resultaron personajes parodiados, en un gesto que oscilaba entre el reconocimiento y la burla. Sin indiferencia.

Yo los terminé queriendo mucho a los dos. Me parece que son personajes que, a pesar de sus enormes limitaciones -que quería que estuvieran claras-, son complejos. Porque a veces tienen aciertos también. Y me parece que está bueno no subestimar a los lectores y permitirles que se den cuenta. A mí no me gustan los puntos de vista ni los narradores que te condicionan.

¿Y por qué los personajes se sostienen en la descripción detallada de las marcas?

Eso pasa con Lindsay porque vive en ese universo y es lo que la define como sujeto. También es un dato para el lector. ¿Quién es esta persona? Bueno, consume esto. Me parece que las marcas tienen que estar en la literatura.

Hacia el final de Aleksandr Solzhenitsyn, en el curso, ocurre el encuentro de lo social. En especial el relato del remisero remarca quiénes son los castigados y quiénes son los que castigan.

Sí. Definitivamente el peso de la ley cae más sobre el que menos recursos tiene, ya se trate de recursos retóricos, simbólicos, o -sin ninguna duda- económicos. También a veces es una ruleta rusa, como le pasó a Lindsay Lohan. Aunque siempre hay más changüí para negociar cuantos más recursos se tengan. Y en esos términos me parecía importante que, si ése es el tema de la novela, estuviera presente.

Mi otra hipótesis es que en la novela opera el igualitarismo. La ley y el orden también es un asunto de mujeres.

A ver… La policía es un agente. No está en situación de poder, es una mera administrativa. Las mujeres en la novela no están escribiendo la ley ni están juzgando. Están ahí.

Bueno, el juez es un tipo que -en esa escena que mencionabas antes- tiene un gesto condescendiente con Lindsay.

Y después al final el personaje del chino le hace un gesto lascivo en medio de una conversación, en un marco institucional, incluso del Estado. También eso. A ver… a mí me interesa una literatura femenina de exteriores. Creo que la hay. Mis escritoras favoritas son mujeres.

¿Cómo definís literatura femenina de exteriores?

No en la casa soltera con el gato garchándose pibes. No en la casa con sus hijos. No sufriendo en torno a una relación amorosa. Exteriores. Minas actoras.

¿No te interesa el espacio de lo doméstico?

Me cansé. No es que no me interesa porque también lo vivo y lo transito. Pero me parece que hay abundancia o sobreabundancia de eso y lo que más me entusiasma es una literatura de mujeres que están interviniendo en el campo. ¿Por qué las minas no son protagonistas de una película de acción?

Más allá de las grietas en los pasajes que señalamos, pienso que el igualitarismo funciona en la novela como algo dado. A tal punto que las mujeres son las que infringen la ley, no quienes la reclaman para su protección. Eso es innovador. 

Creo que es la posición en la que hay que manejarse y, en todo caso, si son necesarias las excepciones bueno, que ahí la ley te asegure tu protección o tu lugar. Y hacé uso. Pero si te vas a manejar por la vida ya renga… La ley dice que somos iguales y somos iguales. Y después vemos.

El primer libro de una autora en un sello nuevo como es tu caso, ¿qué te parece que puede inaugurar?

Tenemos cierta expectativa que inspire y muestre qué cosas diferentes son posibles. No necesariamente en sintonía, sino abrir. La editorial Momofoku también la pensamos así, en términos de que a veces hay libros que uno piensa, ¿acá quién lo publicaría? Traté de que la novela fuera un gesto más bien juguetón. Pero no pretendo ejercer el control. Y sé que muchas veces soy malinterpretada. Así que es como traer un hijo al mundo…

Aleksandr Solzhenitsyn se propone una épica y quienes la encaran son mujeres. En ese punto, ¿la escritura es femenina o feminista?

Creo que estamos en condiciones, por lo menos algunas afortunadas, de poder empezar a pensarnos como sujetos, como actores. Y me parece importante que en vez de regodearnos en el hecho de haber nacido mujeres, en las condiciones en las que lo somos, actuemos. Y después veamos con qué nos encontramos. Pienso que eso es femenino.

¿Pero no te identifica el término feminista?

Me parece poco táctico declararse como tal. Y soy una persona táctica. Soy más del espía que del que lleva la bandera. Voy a tratar de ocupar posiciones, de tener poder, de favorecer a los que pienso que hace falta. Jamás renegaría. Pero para eso primero necesitás ser leída.

Tu producción reflexiona sobre la ley y el castigo, es una novela política, y no siempre se la lee desde ahí.

Eso es frustrante. Pero trato de no quedarme en eso. Si yo me quedara en eso me pongo en un lugar de víctima. Y no aporta. No queda otra que seguir escribiendo y ver si la próxima es más leída -o más pensada, digamos-. Y bueno. Es difícil. Pero cuantas más seamos, con que haya algunas, y que inspiren a otras. Siempre podremos darles una mano… Y en los medios, en el periodismo ponele, ¿cómo se vende una nota de una mina que escribió algo? ¿Cómo hacer que resulte interesante una nota de una mina que no está en bolas, ni está dando la teta, ni es víctima de nada?

No quedarse en la victimización.

Creo que es importante buscar maneras. No sé quién es el malo. Somos todos un poco los malos. Esta posición que señalás, la igualitarista, es una posición consciente de que la realidad a veces plantea otra cosa. Pero yo propongo colocarse en ese igual. Porque para vivir aventuras… Como Simone de Beauvoir que dormía en el desierto… Es por ahí.

¿A qué le decís ni a palos?

A la terapia cognitiva conductual.

Fotos: Charo Larisgoitía