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RESEÑAS DEL CONSERJE: “ALEKSANDR SOLZHENITSYN”, de LOLITA COPACABANA

Por José María Martínez | Fuente: Los Perros Románticos - Reseñas del conserje

RESEÑAS DEL CONSERJE: “ALEKSANDR SOLZHENITSYN”, de LOLITA COPACABANA– una reseña de José María MartínezLolita Copabana (Buenos Aires, 1980) debuta como novelista poco después de destacarse como difusora de la Alt Lit en América Latina, así que no es del todo sorpresa la apariencia taolinesca de “Aleksandr Solzhenitsyn” (Momofuku Libros, 2015), que inmediatamente nos conduce a pensar en “Richard Yates” por su uso expresivo del nombre de un autor en su título, pero también por utilizar como nombres de sus protagonistas los de actuales celebrities, cuyos rasgos más visibles y populares mantienen oblicuamente.La novela está redactada en un registro invariable, próximo al informe jurídico o policial, por lo que a lo largo de sus casi 200 páginas sus personajes aparecen siempre bajo sus nombres completos. En ausencia de pronombres que los sustituyan y alivien el relato, esta reiteración de nombres famosos como identificadores de sus personajes, por increíble que parezca, es significativa e instigante. Es decir, que el registro elegido, entre la transcripción pura de hechos y una casi nula introspección psicológica, tan arriesgado como recurso narrativo, nunca resulta cansado ni automático. Al contrario, nos sitúa en alerta permanente. Es inevitable poner rostro a los protagonistas, conforme a quienes creemos que son sus contrapartidas en el mundo real. Y cada vez que leemos sus nombres, nuestra atención es captada al instante, con el poder de atracción/repulsión que ejerce el famoseo y su glamour. Esta novela debe ser aceptada tal y como se ofrece, pues una vez entramos en el juego la experiencia literaria es completamente satisfactoria. Despierta en el lector una actitud voyeurista nada despreciable. Así, la lectura nos hace semejantes a paparazzis, persiguiendo celebridades por las calles. Llegamos a conocer todos los movimientos de las protagonistas por una improbable Buenos Aires, en un extraño clima de mundo virtual o paralelo, tan detalladamente híper-realista como es descrito. Se trata efectivamente de un ultra-realismo que dota  a sus personajes de gestos tan nimios, tan vacíos, que podemos cargar de cualquier significado. Por eso la novela acaba siendo mucho más que una parodia de la Chick Lit, con su epidérmica caracterización y la menudencia de sus conflictos existenciales, puesto que, aunque soterrada, se fomenta la compasión por el destino de sus errantes protagonistas. Pequeños detalles ennoblecen sus figuras mezquinas, y el lector toma cariño a estos avatares, como el jugador de simuladores de interacción social puede llegar a sentir empatía hacia sus desdichados y vacuos monigotes.Lolita Copacabana ha colmado con éxito su experimento de estilo, abriendo nuevas posibilidades para, desde la ficción, explorar ese asunto tan elusivo que llamamos Realidad.

Lolita Copabana (Buenos Aires, 1980) debuta como novelista poco después de destacarse como difusora de la Alt Lit en América Latina, así que no es del todo sorpresa la apariencia taolinesca de “Aleksandr Solzhenitsyn” (Momofuku Libros, 2015), que inmediatamente nos conduce a pensar en “Richard Yates” por su uso expresivo del nombre de un autor en su título, pero también por utilizar como nombres de sus protagonistas los de actuales celebrities, cuyos rasgos más visibles y populares mantienen oblicuamente.

La novela está redactada en un registro invariable, próximo al informe jurídico o policial, por lo que a lo largo de sus casi 200 páginas sus personajes aparecen siempre bajo sus nombres completos. En ausencia de pronombres que los sustituyan y alivien el relato, esta reiteración de nombres famosos como identificadores de sus personajes, por increíble que parezca, es significativa e instigante. Es decir, que el registro elegido, entre la transcripción pura de hechos y una casi nula introspección psicológica, tan arriesgado como recurso narrativo, nunca resulta cansado ni automático.

Al contrario, nos sitúa en alerta permanente. Es inevitable poner rostro a los protagonistas, conforme a quienes creemos que son sus contrapartidas en el mundo real. Y cada vez que leemos sus nombres, nuestra atención es captada al instante, con el poder de atracción/repulsión que ejerce el famoseo y su glamour.

Esta novela debe ser aceptada tal y como se ofrece, pues una vez entramos en el juego la experiencia literaria es completamente satisfactoria. Despierta en el lector una actitud voyeurista nada despreciable. Así, la lectura nos hace semejantes a paparazzis, persiguiendo celebridades por las calles. Llegamos a conocer todos los movimientos de las protagonistas por una improbable Buenos Aires, en un extraño clima de mundo virtual o paralelo, tan detalladamente híper-realista como es descrito.

Se trata efectivamente de un ultra-realismo que dota  a sus personajes de gestos tan nimios, tan vacíos, que podemos cargar de cualquier significado. Por eso la novela acaba siendo mucho más que una parodia de la Chick Lit, con su epidérmica caracterización y la menudencia de sus conflictos existenciales, puesto que, aunque soterrada, se fomenta la compasión por el destino de sus errantes protagonistas. Pequeños detalles ennoblecen sus figuras mezquinas, y el lector toma cariño a estos avatares, como el jugador de simuladores de interacción social puede llegar a sentir empatía hacia sus desdichados y vacuos monigotes.

Lolita Copacabana ha colmado con éxito su experimento de estilo, abriendo nuevas posibilidades para, desde la ficción, explorar ese asunto tan elusivo que llamamos Realidad.