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Hasta la victoria siempre

Por Victoria Mora | Fuente: Solo Tempestad

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Será mañana, la novela del mexicano Federico Guzmán Rubio, tiene un argumento tan original como su protagonista: Barrunte es un ser inmortal. Pero su singularidad tiene cierta condición. Su privilegio (o no) solo se sostiene si él logra llevar adelante una revolución.

Desde un presente en el siglo XXI Barrunte nos cuenta, a través de sus recuerdos, lo que vivió en la guerra civil española, en las guerrillas latinoamericanas, en Vietnam o Sudáfrica y ahora elige Madrid para enfrentar su nuevo comienzo

“En los canales de Xochimilco nadie se preguntaba nada porque cuando las revoluciones triunfan las preguntas no son pertinentes. Hay un tiempo para todo, y ese tiempo era para echar las campanas al vuelo y la casa por la ventana, darle vuelo a la hilacha, empinar la botella, gastar la suela y paladear el sabor de la victoria, que esa noche no supo a rama de olivo sino a chile verde, picoso pero sabroso”.

El problema es que después de los festejos, los triunfos se vuelven derrotas, y nuestro héroe tendrá que pagar, una vez más, el precio de la inmortalidad.

Otra de sus singularidades es que se ha pasado su centenaria vida viendo una luz azul alrededor de las personas acechadas por la muerte.

“Una mañana percibió la luz en una mendiga. La siguió porque no creía lo que estaba viendo. Les preguntó a varias personas si ellas también veían el resplandor, pero se alejaron sin responder, asustadas (…) Durante más de una semana no volvió a ver la luz azul. Se olvidó del incidente. Tres recolectores de café se aparecieron en la oficina. Exigían un aumento en su jornal y amenazaron con tomar medidas en caso de que se les negara. Dos socios de la exportadora, con ayuda de los guardias de seguridad, los sacaron a la fuerza. Él se quedó inmóvil, admirando la luz azul que envolvía a los jornaleros”.

Hoy le toca a él y ese cuerpo sostenido en vigor a fuerza de lucha revolucionaria comienza a irradiar la luz y a estallar en malestares. Es una necesidad imperiosa que pueda encontrar quién lo apoye en la nueva embestida hacia la utopía. Mientras arma sus planes recorre los bares madrileños entre cervezas, whiskys y recuerdos ahogados en nostalgia.

“Va a una licorería en la calle Echegaray y compra una botella de Jack Daniel´s. Le molesta que no vendan hielo. Lo compra en un chino junto a dos botellas de agua mineral. Regresa a la habitación y enciende la computadora. Revisa su cuenta de correo electrónico como si esperara un mensaje que le resolviera la vida. Nadie escribió (…) Abre Youtube y escucha el himno de la Internacional Socialista en varios idiomas. Escucha corridos de la Revolución mexicana, nueva trova cubana, canciones de la Guerra Civil española y de Víctor Jara, Chavela Vargas y Nacha Guevara”.

El conjuro se hace más difícil que nunca. Barrunte parece hundirse en sus intentos por lograr la revolución en un presente anodino y falto de ideologías que empujen de atrás.

Una mención necesaria es el relato de su origen, el mito fundacional de su existencia, una historia cargada de un maravilloso realismo mágico, donde la gran revolucionaria es la madre que lo parió y que le implanta un destino del que no puede escapar. ¿Será mañana?.