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Por qué editar libros hoy en Argentina

Por Luciano Sáliche | Fuente: Infobae

Los directores de las editoriales Momofuku, Godot, La Parte Maldita y Maten al Mensajero hablaron con Infobae sobre el mercado literario actual. Este fin de semana se llevará a cabo la 5° Feria de Editores en el barrio de Chacarita.

Todavía se discute si el Misal de Constanza o la Biblia de 42 líneas fue el primer libro impreso. Lo cierto es que en el siglo XV Johannes Gutenberg creó la imprenta de tipos móviles y el mundo cambió para siempre. Antes de eso los monjes y frailes eran los que elaboraban las copias manuscritas; encargos del clero, reyes y nobles que podían tardar hasta diez años en llevarse a cabo. El libro es el documento vivo de una cultura que, de hecho, hilvana épocas y la transporta en el tiempo para que todo perdure, para que todo esté registrado, para que haya un testimonio de que hubo vida. Cuesta pensar la historia de la humanidad sin este objeto tan familiar y extraño a la vez que es el libro. El lenguaje como código que posibilita la proliferación infinita del sentido. ¿Qué habrá pensado Gutenberg cuando creó la imprenta? ¿Habrá tomado conciencia de que estaba gestando el invento más revolucionario de la especie?

Escribir un libro es, al igual que en todas las artes, un hecho estético y reflexivo que brota de la virtud del individuo interpelado por el mundo. Pero producirlo en serie, brindar las herramientas para que pueda ser reproducido y divulgado, es un acontecimiento social que requiere una planificación extra. Implica un entendimiento de las reglas de la cultura y la forma en que puede ser alterada y enriquecida. ¿Qué significa editar un libro en Buenos Aires, Argentina, en pleno siglo XXI?

Editoriales emergentes: protagonistas silenciosos

Momofuku es una editorial nueva que cuenta con un catálogo de diez libros entre los que se destacan La construcción de Carlos Godoy y Las redes invisibles de Sebastián RoblesLolita Copacabana y Hernán Vanoli son, además de escritores, los directores de este emprendimiento que tiene como objetivo “aportar mínimamente a una experiencia en la que la lectura sea algo desafiante”, según su directora.

“La premisa siempre es editar como si no hubiera mañana –dice Santiago Kahn, editor de La Parte Maldita (junto a Alejandro Pisera) y Maten al Mensajero, dos editoriales nuevas que juegan fuerte–, con los pies en la tierra, obvio, porque uno no puede darse el lujo de editar lo que quiera sin pensar en costos, distribución, etcétera. Pero creo que cada vez más editar libros en la Argentina es un acto de fe”. La Parte Maldita cuenta con una veintena de publicaciones, pero Maten al Mensajero (que además es revista) acaba de salir al mundo con una apuesta más que interesante: RW de CJ Camba y Gonzalo Penas, una historieta sobre la vida de Rodolfo Walsh.

Victor Malumian dirige, junto a Hernán López Winne, Ediciones Godot, una editorial dedicada a, como ellos mismos lo indican, “publicar textos que el mercado había olvidado”. Comenzó en 2008 y cuenta con autores de renombre como Eduardo GrünerMartín Kohan y Slavoj Žižek. ¿Su objetivo? “Entrar en el diálogo de la construcción cultural e ideológica como sociedad, intervenir con libros y enriquecer la discusión con ideas”, sostiene Malumian. Las actividades literarias como ferias, lecturas, talleres, cursos y reuniones son recurrentes en estos tiempos. Por ejemplo, este fin de semana se llevará a cabo en el corazón de Chacarita (Central Newbery: Av. Jorge Newbery 3599) la 5° Feria de Editores donde diferentes editoriales emergentes estarán el sábado 6 de agosto y el domingo 7 mostrando productos con descuentos. La unión entre editores, paisaje de época.

Parte del catálogo de Godot

Parte del catálogo de Godot

La puja en el mercado literario

¿Cómo se configura el mercado literario? ¿Cómo hacer frente a las grandes editoriales y esa irrevocable diferencia en la capacidad productiva? “Hay que pensar más y editar mejor. Porque la puja no es en el campo literario sino en la industria cultural”, responde Santiago Kahn, y agrega: “Hay que romper un poco el techo de cristal de las editoriales emergentes y ver que en calidad de edición muchas veces no hay nada que envidiar. Pero a las editoriales como las nuestras lo que más las aplasta es la dificultad de crecer en volumen, en cantidad de tirada, en formas de distribución, en vidrieras. Y ahí también hay un rol pendiente a repensar que tiene que ver con cómo muchos sellos estamos apelando a la relación directa entre lectores y editores y a un boca a boca que no siempre se lleva bien con los esquemas de distribución industrial”.

Por su parte, Lolita Copacabana distingue tres agrupamientos de actores: “Me parece que por un lado hay empresas enormes, hay editoriales medianas financiadas por los padres o las familias o los patrones de los editores, y hay editoriales que son más militantes, que funcionan con un pie adentro del mercado, por supuesto, pero que son también una especie de work in progress“. Luego ejemplifica: “Es parecido a preguntarse cómo funciona la relación entre una empresa que produce jugos orgánicos y Coca-Cola. Coca-Cola mira lo que hacen los jugueros, eventualmente les roba a los proveedores de materias primas, o les copia un producto, pero por lo general no hay un enfrentamiento directo, hay una convivencia amable, porque el nicho de jugos orgánicos sabe que hay momentos para consumir Coca-Cola y hay momentos para tomarse el juguito de arándanos con cardamomo”.

Para Malumian hay un protagonista clave, que actúa en el face to face y trabaja con la efectividad de las hormigas: el librero. ¿Cuántas personas entran a una librería y le piden a quien los atiende una recomendación? Seguramente hay de a montones. “Buenos Aires tiene grandes libreros que recomiendan con pasión los libros que a ellos más los marcan sin importar quién los edita”.

Parte del catálogo de Momofuku

Parte del catálogo de Momofuku

Internet, el sueño de Gutenberg

Sin dudas, internet es el fenómeno que atravesó todo el campo literario. En algún punto modificó la forma de narrar, pero además configuró tendencias o, para decirlo menos tajantemente, se tornó parte de los cimientos de una nueva forma de imaginar la literatura. “En internet, y dentro de ella en cada plataforma, de Facebook a Snapchat, se construye un lenguaje particular –explica Lolita Copacabana–, y también creo que eso va cambiando todo el tiempo. Hoy día siento que hay algo particular que tiene que ver con la transmisión en entregas segmentadas, algo que está en internet y que también se ve en las series de televisión, que la gente tiende a buscar consumos serializados, que se convierten en un tipo de comunión sagrada, y que eso también puede verse reflejado en la literatura (…) Por otro lado, creo que la internet bajó a la literatura un poco a tierra, la volvió más cotidiana, en un punto más accesible. Paradójicamente, creo que eso también colaboró a que la sociedad empezara a sentir que la literatura no tenía tanto que aportar, rompió una especie de hechizo, la integró de otra manera”.

Para Malumian, con internet no muere nada. “No deja de asombrarme que ante una nueva tecnología todavía están quienes dictaminan el fin de algo. Desde el surgimiento de internet y los libros digitales se habla de la muerte del libro como objeto. Con la aparición de la televisión la muerte de la radio, con la aparición de la radio la muerte del diario. Lo cierto es que con la aparición de nuevos medios de transmisión de información, nuevos soportes, los anteriores se acomodan en nichos específicos”, dice y sostiene que si bien “hay un notable cambio en el consumo, se habla de lectura diagonal e insisto en que se perdió el acto de la lectura concentrada y sostenida”, por otro lado “tenés fenómenos como los booktubers“.

(Shutterstock)

(Shutterstock)

La proliferación de escritores tiene que ver también con un universo nuevo que comenzó con Blogspot, siguió con WordPress y hoy sigue con redes sociales y plataformas específicas como Medium y Tumblr, por ejemplo. “Se abrió un campo de experimentación de bajo costo y alta exposición”, resume Malumian. Por su parte, Kahn asegura que “nunca, como hoy, el acceso a la literatura fue tan masivo. Y es celebrable. Lo que cuesta ahora es encontrar baqueanos que te ayuden a dilucidar qué leer (…) Internet es una caja de resonancia. Pero cada vez más está todo recontra fragmentado. E internet no es la excepción. Los lectores muchas veces se rodean de una comunidad de gente que escribe, publica, edita, entonces hay mucha mirada a un grupo reducido de producciones. Hoy por hoy, la diferencia entre los sellos independientes o pequeños con las grandes editoriales también está en los recursos para hacer publicidad y saltar el cerco de los entornos o nichos virtuales”.

Si internet es, como decía el editor español Germán Sánchez Ruipérez, el verdadero sueño de Gutenberg porque logra difundir una obra de forma prácticamente ilimitada, entonces aparece la pregunta por la especificidad del dispositivo tecnológico. Los e-books llegaron para no tener que leer encorvados frente a una computadora de escritorio, además de solucionar cuestiones de logística en cuanto al acceso y la distribución. Lolita Copacabana tiene un dispositivo para leer e-books, pero casi ni lo usa. “Me gusta marcar los libros y tenerlos a mano para poder volver a abrirlos, buscar una marca, hojearlos al azar, y esas son cosas que son imposibles con lo digital. También me gusta mirar mi biblioteca para pensar, creo que la presencia material de la biblioteca tiene un efecto en el pensamiento. Otra ventaja: un dispositivo menos que andar teniendo que cargar”, dice pero, por otro lado, reconoce que “los e-books llegaron para quedarse, seguro”, pero no cree que sean “una seria amenaza para los libros en papel”. Por otro lado, Santiago Kahn, dispara: “Lo que no está claro aún es cómo se va a asentar el ‘modelo de negocios’ del e-book. Como derecho humano, creo que la literatura siempre tiene que ser libre”.

Parte del catálogo de La Parte Maldita

Parte del catálogo de La Parte Maldita

Políticas para no dejar de emerger

Todo esto confluye en un ambiente literario diferente a los anteriores. La pregunta sobre la identidad del presente desde el mismo presente siempre es complicada. Lo que se puede decir es que hay una multiplicación de escritores y un desorden lógico producto de la sobreproducción de textos. ¿Cómo trabaja una editorial en este contexto? Para la directora de Momufuku la cosa es demandante, pero no por ello menos divertida: “La cantidad de manuscritos que recibimos en la editorial es impresionante, a veces no llegamos a contestar, porque la lectura de manuscritos es algo que lleva tiempo. Entre los editores hay una gran solidaridad, y eso está bueno, y entre los autores quizás haya un poco de ansiedad”.

¿Por qué editar libros hoy en Argentina? ¿Las condiciones son óptimas o es una lucha en contracorriente? Hay políticas estatales que tienden a mejorar o a entorpecer la emergencia de estas editoriales que no son otra cosa que movimientos culturales que intentan abrir el juego hacia una nueva forma de ver el panorama literario, por fuera de las grandes empresas del libro. “La forma en que se implementó la apertura de importaciones no fue la ideal”, sostiene Malumian sobre las decisiones del gobierno de Mauricio Macri. Para Copacabana, si bien “las condiciones en la Argentina de hoy no son muy propicias: los insumos aumentan todo el tiempo y el poder de compra cae”, pero por otro lado “el gobierno anterior se fue sin una ley del libro; la prometió, coqueteó con la idea y nunca la ejecutó”. “El nuevo gobierno renovó la web del Fondo Nacional de las Artes, algo que no se había hecho en muchísimo tiempo –sigue diciendo-. Al parecer hay buenas intenciones, esperemos que se concreten, pero todavía no se ven señales muy claras”. No hay dudas de que las editoriales emergentes son una parte vital de la cultura, especialmente de la literaria, para narrar con autenticidad lo que está sucediendo, para dejar testimonio del debate de ideas que estamos transitando.